Se utiliza la expresión ‘Ser la oveja negra’ para señalar a aquella persona que desentona o resulta problemática dentro de una familia, un grupo social o una colectividad.
Proviene del mundo pastoril, donde la lana de oveja blanca era más apreciada porque admitía bien los tintes. Si nacía un cordero de vellón oscuro, ese paño se teñía peor y perdía valor, de modo que el criador lo consideraba un contratiempo económico.
Con el tiempo, esto acabó convirtiéndose en metáfora de lo indeseado o problemático dentro de una familia o comunidad, debido a que el color negro ya cargaba con connotaciones negativas en el simbolismo cristiano y popular, lo que reforzó el sentido figurado.
La expresión se documenta en varias lenguas desde el siglo XVI y se fija con el valor moral que hoy conocemos entre los siglos XVIII y XIX, cuando la cría selectiva de ovejas blancas se generalizó y cualquier mancha oscura devaluaba el lote.
