Es difícil, cada vez más, que dos personas se pongan de acuerdo. Sobre todo en un territorio tan extremo como el fútbol, pero Vinicius, poco a poco, lo está consiguiendo: desquicia a todos por igual. Y es que el brasileño, al que hasta hace poco la camiseta blanca le amparaba de las críticas porque era la misma que vestían miles de aficionados, se ve entre la espada de sus rivales y la pared de sus propios fans, hartos de sus gestos y, sobre todo, de su actitud sobre el campo.
No sin razón, por otro lado. Pues está claro que el brasileño ha decidido que aquella versión ‘premium’ del 2024 que ni siquiera le granjeó el Balón de Oro, le es suficiente para elegir qué tareas hacer dentro del equipo y cuáles no. De esa manera, ni presiona, ni defiende ni entiende que Xabi Alonso le sustituya en determinados momentos, etc. Una actitud que, desde luego, no convierte a los enemigos ya consabidos en aliados y que, por desgracia para él pero por lógica aplastante para el resto del mundo, transforma a los aficionados en rivales.
Así que bien haría Vinicius en comprarse un espejo y detectar sus defectos, que son muchos, y exprimir sus aptitudes, que en materia futbolística son muchas. Mientras tanto, seguirá siendo la figura que una a todos los aficionados al fútbol en cuanto a la sensación desquiciante que genera.
