Tras más de 25 años de negociaciones y suspenso, los países de la Unión Europea (UE) han finalmente autorizado este viernes a la Comisión Europea para que firme el acuerdo comercial con el bloque de países del Mercosur. La presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, puede respirar aliviada y viajar —previsiblemente, la semana que viene— a Paraguay para rubricar el acuerdo, lo que supone el mayor de la UE en términos de reducción arancelaria, al eliminar 4.000 millones de euros de gravámenes sobre sus exportaciones.
Europa puede dar finalmente este paso después de que la presidencia de turno del Consejo de la UE, que ostenta Chipre desde este enero, haya constatado una mayoría cualificada en la reunión a nivel de embajadores entre los 27 Estados miembros. Para que se aprobase, se requería el visto bueno de por lo menos 15 países que a su vez representan el 65% de la población del bloque comunitario.
Nuevos pasos
El Parlamento Europeo también tendrá que dar su luz verde, y París avisa que la batalla no ha terminado
El paso decisivo lo ha dado Italia, después de que su primera ministra, Giorgia Meloni, haya superado las reticencias que llevaron a posponer la firma del acuerdo a finales de diciembre. Francia, Hungría, Polonia, Austria e Irlanda han reiterado su oposición y han votado en contra. Bélgica se ha abstenido, y el resto de países han votado un favor. España, junto con Alemania, es uno de los países que más vehemente ha defendido el acuerdo en un momento geopolítico en el que la UE necesita desesperadamente nuevos socios comerciales tras el pulso iniciado por Donald Trump en la Casa Blanca.
Sobre el papel, lo que ha convencido a Meloni es un refuerzo de las cláusulas de salvaguardia que protegerán a los agricultores europeos de un potencial impacto negativo del incremento de las importanciones de los países del Mercosur. En concreto, el margen de incremento de importaciones o de caída de precios de una serie de productos sensibles importados que darían lugar a una investigación y posibles medidas por parte de la Comisión Europea. Inicialmente Bruselas quería que fuera del 10%, y finalmente, según fuentes comunitarias, este margen será del 5%.
“Italia no ha cambiado nunca de posición: siempre hemos defendido que se cerrara el acuerdo, recordando la exigencia de tener en consideración las legítimas preocupaciones del mundo agrario, para que la apertura a los mercados se haga con las adecuadas salvaguardias que beneficien a los sectores más expuestos”, defendió el ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani.
Con esta confirmación, Von der Leyen y António Costa pueden finalmente dar buenas noticias al bloque de Mercosur, compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, a cuyos líderes comenzaba a agotársele la paciencia por los múltiples retrasos de Europa para firmar este acuerdo. El Parlamento Europeo también tendrá que dar su luz verde, pero se considera que el mayor obstáculo estaba en el Consejo de la UE.
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Los ministros de Agricultura de los Veintisiete viajaron este miércoles a Bruselas para escuchar las nuevas medidas con las que la UE quiere reforzar su apoyo a los agricultores, también el adelanto de hasta 45.000 millones de ayudas previstas en el próximo presupuesto comunitario. Sin embargo, estas últimas ofertas ni han calmado la ira del campo, con varias protestas de tractores en diferentes países contra el pacto, ni han convencido a los países reticentes.
La votación de este viernes es un enorme fracaso diplomático francés, después de que Meloni haya ganado la partida y haya terminado aislando a Macron en su oposición al acuerdo. El Elíseo incluso habría maniobrado a última hora para intentar que Rumanía o Países Bajos cambien su voto. Pero París ya avisa que la batalla no ha terminado. “La firma del acuerdo no es el final de la historia —indica el presidente francés, Emmanuel Macron—. Seguiré luchando por la plena aplicación concreta de los compromisos obtenidos de la Comisión Europea y por proteger a nuestros agricultores”.
Ahora, la ministra de Agricultura francesa, Annie Genevard, ha advertido que harán todo lo posible para que la Eurocámara tumbe el pacto. Esta votación debería tener lugar en abril de mayo y el presidente de la Comisión de Comercio, el socialdemócrata alemán Bernd Lange, ya ha dicho que confía en que sea aprobado también en el pleno.
