Cada año, cientos de millas de ordenadores son sustituidos, donde la mayoría acaban almacenados, olvidados o directamente desechados, engrosando una montaña de residuos electrónicos que no deja de crecer.
Según datos de la Unión Europea, Solo en 2023 se generaron más de 5,2 millones de toneladas de basura tecnológica en el continente.y una parte significativa corresponde a equipos que todavía funcionan.
El dilema actual es o renuevas el hardware o te deshaces de él. Sin embargo, existe una tercera vía más práctica y sostenible. Un PC que ya no rinde lo suficiente para tu trabajo diario puede seguir siendo útil si le asignas una función específica.
Se trata de aprovechar las capacidades que siguen presentes en su interior, como procesador, memoria RAM, conectividad, almacenamiento. Por ello, si tienes una PC que estabas a punto de desechar, dale una segunda vida con estos usos.
Usarlo como equipo de respaldo
Quedarte sin ordenador en plena jornada de trabajo es un escenario más frecuente de lo que parece. Un fallo de hardware, una actualización que falla, un derrame de café sobre el teclado… y tienes horas de trabajo bloqueadas mientras esperas reparación o reemplazo.
Aquí es donde un equipo antiguo en buen estado puede sacarte del apuro. Mantener un portátil o sobremesa anterior funcionando y actualizado con lo básico te convierte ese cacharro en una red de seguridad.
No necesita ser rápido ni potente; solo tiene que arrancar, conectarse a internet y permitirle acceder al correo, documentos en la nube o herramientas de trabajo remotas.
Además, si viajas con frecuencia por trabajo, lleva tu equipo principal exponen un hardware caro a robos, golpes o extravíos. Un PC antiguo cumple perfectamente para tareas puntuales en aeropuertos, hoteles o reuniones fuera de la oficina.
Una estación dedicada para videollamadas.
Zoom, Microsoft Teams, Google Meet… las videoconferencias se han vuelto rutinarias, pero siguen siendo devoradoras de recursos. Si alguna vez has intentado trabajar en un documento mientras mantienes una videollamada activa, sabes de qué hablamos.
El sistema se ralentiza, el ventilador se dispara y la experiencia se degrada, por lo que es molesto, improductivo y evitable. La solución es tan simple como delegar esa tarea al equipo antiguo.
Si es un portátil, ya incluye cámara web y micrófono; Si es una sobremesa, necesitarás añadir una cámara web USB (las hay funcionales por menos de 30 euros). Instala el navegador web, descargas la app de videollamada que usas habitualmente y lista.
Cuando llega la reunión, arrancas el PC secundario y deja tu equipo principal libre para seguir trabajando sin interrupciones. Puedes optimizar aún más el rendimiento haciendo una instalación limpia del sistema operativo, eliminando bloatware y dejando solo lo imprescindible.
Cabe señalar que el resultado es un dispositivo dedicado, rápido para lo que necesitas y que no compite por recursos con tu trabajo real. Por lo que al final podrás entablar videollamadas sin problema alguno.
Convierte tu vieja PC en un punto de acceso WiFi
Si trabajas desde casa y tu router está en otra habitación, es probable que la cobertura WiFi en tu zona de trabajo no sea óptima. Comprar un repetidor es la solución obvia, pero si tienes un ordenador antiguo disponible, puedes convertirlo en un punto de acceso funcional.
Windows 10 y Windows 11 incluyen una función nativa llamada “Zona con cobertura inalámbrica móvil” que permite compartir la conexión a internet del equipo con otros dispositivos cercanos.
El PC antiguo se conecta al router (idealmente por cable Ethernet para mayor estabilidad) y redistribuye esa conexión vía WiFi. La configuración es sencilla desde el menú de red e Internet, aunque la velocidad que obtengas dependerá de la tarjeta WiFi del equipo y del ancho de banda disponible.
Si la función nativa de Windows no te convence o necesitas más control, existen programas como Conectar (de pago) que crean redes secundarias más robustas y configurables.
Es útil especialmente si trabajas en una casa grande, con varios pisos o paredes gruesas que dificultan la señal. No es la solución más elegante del mundo, pero funciona y te ahorras comprando hardware adicional.
Conviértelo en tu servidor casero
La nube es cómoda, pero tiene limitaciones: requiere conexión a Internet, implica suscripciones mensuales y, en algunos casos, plantea dudas sobre la privacidad de los datos.
Tener almacenamiento físico en casa, accesible desde cualquier dispositivo de tu red local, sigue siendo una opción válida y, con un ordenador antiguo, perfectamente viable.
Existen dos formas de hacerlo. La primera es usar un cable de transferencia USB dedicado (disponible por unos 20-30 euros en Amazon), que incluye software para sincronizar archivos entre dos equipos. No es tan cómodo como un disco duro externo enchufado y listo, pero funciona.
La segunda opción, más elegante, es conectar el PC antiguo al router mediante cable Ethernet y configurar una carpeta compartida en red. Desde tu equipo principal, accede a esa carpeta como si fuera un disco externo, pero a través de la red doméstica.
Cabe señalar que la ventaja principal es el control total sobre tus datos sensibles: documentos de trabajo, copias de seguridad, archivos confidenciales… todo permanece esencialmente en tu casa, sin depender de servidores externos ni de que tu conexión a Internet funcione.
Si el PC antiguo tiene un disco duro grande (500 GB o más), tienes espacio de memoria para almacenar años de documentos y proyectos sin pagar un euro mensual.
Úsalo como un entorno seguro para formar a nuevos empleados
Este uso es más especializado, pero extremadamente útil si gestionas un equipo o te encargas de formar a nuevos empleados. Darles acceso directo a sistemas en producción, con datos reales y procesos activos, es arriesgado: Un error de principio puede causar problemas costosos.
La solución es crear un entorno de formación aislado donde puedan aprender sin consecuencias. Es por esta razón que un ordenador antiguo es ideal para esto.
Haces una instalación limpia del sistema operativo, cargas solo el software que necesitas dominar (Microsoft Office, herramientas de gestión, programas específicos del sector) y desconectas el equipo de la red corporativa.
El resultado es un entorno controlado donde pueden practicar, equivocarse y aprender sin riesgo de borrar archivos importantes.enviar correos erróneos a clientes o alterar bases de datos.
Si te sientes ambicioso, puedes incluso simular accesos restringidos o crear carpetas ficticias con datos de prueba para que se acostumbren al flujo de trabajo antes de operar con información real.
Es una inversión pequeña de tiempo (una tarde de configuración) que reduce significativamente la curva de aprendizaje y los errores iniciales de un empleado nuevo.
Alarga la vida útil de tu ordenador antes de desecharlo
Cinco funciones distintas, un mismo principio, que es sacar partido a hardware que sigue funcionando antes de desecharlo o lanzarlo al trastero. La tecnología solo queda obsoleta cuando dejas de encontrarle un propósito.
Por ello, reasignar funciones específicas a tus equipos antiguos es la forma más directa de combatir la generación de residuos electrónicos y, sobre todo, de exprimir cada euro invertido en hardware.
En un entorno donde la eficiencia exige, no siempre necesitas el componente más moderno para cada tarea. A menudo, la mejor herramienta es la que ya tienes, siempre que sepas colocarla en el lugar adecuado de tu flujo de trabajo.
Las empresas renuevan sus equipos cada tres o cuatro años de media, según datos del sector, generando un coste económico considerable y un impacto ambiental nada despreciable.
Antes de arrinconar ese PC en el trastero o llevarlo al punto limpio, merece la pena valorar si puede seguir siendo útil con un cambio de rol.. A veces, la mejor actualización no es comprar algo nuevo, sino aprovechar mejor lo que ya tienes.
