Cuando Javier Milei dijo en abril del año pasado que “la inflación tiene fecha de desaparición”, probablemente no imaginó que su principal desafío en materia económica tendría mayor vida de lo previsto. La suba del 2,8% mensual en diciembre -el séptimo incremento consecutivo- parece atestiguar las dificultades del gobierno para seguir bajándola.
Desde el piso alcanzado del 1,5% en mayo, el Índice de Precios al Consumidor que releva el INDEC no dejó de subir y en diciembre se aceleró. Para los analistas, la causa es un combo de factores, entre los que destacan la suba del 40% del dólar el año pasado producto de la salida del peso y la dolarización previa a las elecciones legislativas.
“Es lo que se infería por la inflación de la Ciudad, se acomodó arriba del 2% mensual en el último trimestre. Son dos cosas, es el traslado a precios del ajuste del tipo de cambio, por lo cual dejó de bajar ya en el último trimestre, y también se aceleraron los precios regulados“, dijo el director de Outlier, Gabriel Caamaño.
El Gobierno se entusiasmó el año pasado con la convergencia de la inflación y el dólar al 1% mensual. Sin embargo, en abril tuvo que abandonar ese esquema de deslizamiento por una “flotación” con bandas cambiarias. Y en junio, la eliminación de las Leliq impactó en las tasas, lo que también le sumó más volatilidad y presión alza al dólar.
“Había bajado demasiado rápido la inflación y desde entonces siguió un sendero relativamente estable con tendencia alza en un contexto donde el tipo de cambio había subido mucho y muchos precios no habían ajustado, se ilusionaron con que la lucha contra la inflación estaba terminada, pero no lo estaba“, dijo Martín Polo, economista jefe de Cohen.”
Y explicó que “a la inercia inflacionaria que venís arrastrando le sumaste la suba del tipo de cambio que tuviste entre junio y octubre al tiempo que también tenés que seguir ajustando precios relativos como en el caso de precios regulados, entonces eso es lo que hizo que suba y no convergera al 1% como quería el gobierno”.
