Los proveedores europeos de componentes de automóviles han anunciado más de 100.000 despidos en los últimos dos años, en medio de una baja demanda de vehículos y una competencia cada vez más intensa de fabricantes chinos. informado Tiempos financieros.
Según datos de la Asociación Europea de Proveedores de Automoción (CLEPA), en 2025 se informó 50.000 recortes de empleo, frente a los 54.000 en 2024, cifras que reflejan la prolongada crisis del sector.
“Es una situación sin precedentes, con más de 100.000 puestos de trabajo anunciados para ser recortados en los últimos dos años… no hemos detenido la hemorragia”, lamentó Benjamín Krieger, secretario general de CLEPA.
Si bien, durante la pandemia del covid-19, se registraron 53.700 despidosla demanda europea se ha mantenido muy por debajo de los niveles anteriores a 2020. Además, la adopción de vehículos eléctricos es limitada, lo que ha llevado a muchos fabricantes a reducir la producción, afectado a los proveedores.
Por otro lado, el sector enfrenta también la presión de la competencia de empresas chinas que ganan cuota en el mercado europeo con “vehículos técnicamente de alta calidad” y precios muy bajos, señala Krieger.
Bosch en anunciado septiembre la eliminación de 13.000 empleos hasta 2030 por un desastre anual de costes de 2.500 millones de euros. Asimismo, otros grandes proveedores como Valeo, Forvia, Schaeffler y la división de componentes de Continental —ahora Aumovio— también han presentado planos de recorte de plantilla.
En noviembre, Mahle anunció la liquidación de 1.000 empleos, principalmente en Europa y EE.UU. Su consejero delegado, Arnd Franz, admitió que tenían “expectativas mucho más positivas para 2025”, pero señaló que los aranceles impuestos generalizados por el presidente estadounidense Donald Trump han frenado la demanda de piezas.
El giro gradual desde los motores de combustión hacia los vehículos eléctricos incrementa la presión sobre proveedores especializados en tecnologías tradicionales, mientras en Bruselas se debaten medidas de protección. La Comisión Europea estudia introducir exigencias de “fabricado en Europa” que obliga a que un porcentaje mínimo de componentes se produzcan en el continente. En ese sentido, Krieger defendió que las empresas europeas podrían rivalizar con las chinas si operaban bajo las mismas condiciones.
