Al grito de «lucharemos contra el velo», millares de mujeres se echaron a las calles de Teherán tras la revolución que llevó a Jomeini al poder en Irán en 1979. «No queremos ser esclavas de nadie», sostenían, declarando a voces que desobedecerían … el uso obligatorio del tradicional ‘chador’ ordenado por el ayatolá. El 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, y en las jornadas siguientes, se concentraron en el centro de la capital, ante la Universidad de Teherán o el Ministerio de Justicia, algunas con cigarrillos encendidos, desafiantescomo ahora, ante la estricta moralidad islámica que se imponía. Los manifestantes soportaron los insultos y las piedras que utilizaron los revolucionarios de Jomeini para dispersar las marchas. Incluso varias de ellas fueron agredidas a puñaladas en las protestas.
Página del periódico del 9 de marzo de 1979
La antigua Persia, que en las últimas décadas se había modernizado y ya no se escandalizaba ante las minifaldas o los tacones, regresaba al pasado y las mujeres, al velo. A las que acudían a sus puestos de trabajo vestidas al estilo occidental -algunas con pantalones, retadoras-, las despachaban a sus casas y en la televisión, las escasas presentadoras que había comenzado a mostrarse con el pañuelo en la cabeza y los brazos tapados. También aquellas mujeres que se sumaron a los grupos revolucionarios para derrocar al Sah, descamisadas y en pantalones vaqueros, se vieron tapadas de la cabeza a los pies con el negro chador en los nuevos billetes. Y muchas volvieron a las calles. «Vanguardia de la lucha contra el emperador, la mujer iraní aparece también en el Irán pos-Sah en la primera línea de oposición al concepto de sociedad postulado por el inmutable ‘ayatollah’. Y vuelve a gritar un ‘slogan’ repetido incansablemente durante la lucha contra el Sah: ‘Abajo la dictadura‘», publicaba ABC. Las demostraciones de desacato congregaron a más de 50.000 mujeres el 10 de marzo y alrededor de 20.000 seguían protestando al quinto díaamparadas por cordones de hombres simpatizantes que las protegían de agresiones de revolucionarios.
A esta última marcha se unió la feminista norteamericana Kate Millet, quien alzó la voz para anunciar que los derechos de las mujeres estaban «amenazados» por lo que decía y hacía Jomeini. Una semana después era expulsada de Irán y desde París denunció que las iraníes habían sido «traicionadas» por la revolución. No fue la única extranjera que entonces apoyó a las manifestantes, incluso en contra de otras feministas iraníes residentes en Francia, que protestaron vivamente en una reunión por el viaje a Teherán de un Comité Internacional pro Derechos de la Mujer formado por escritoras, periodistas y universitarias. Argumentaban que la lucha por las mujeres podía ser aprovechada y utilizada por elementos hostiles a la revolución con la que esperaban conquistar libertades democráticas. Simone de Beauvoir, que iba a encabezar la comitiva, respondió fulminantemente: «He visto muchos países y muchas revoluciones y cada vez que se trataba de defender a las mujeres siempre se me dijo que no era el momento», lo que, según ABC, produjo una gran ovación entre los presentes y un coro de protestas de las extranjeras. La filósofa francesa, pareja de Jean Paul Sartre, no llegó a viajar a Irán, pero sí se desplazó una delegación de 18 feministas encabezada por la editora francesa Claude Servan-Schreiber. La nota que publicó este periódico mencionaba a otros integrantes, como la alemana Alice Schwarzer o la italiana María-Antonietta Macciocchi. Nada decía de ninguna española.
No existían por entonces teléfonos móviles ni redes de internet que bloquearan, aunque sí periodistas incómodos al régimen. A los pocos meses varios enviados especiales europeos fueron expulsados y 22 diarios y semanas prohibidos. «La ofensiva del ‘jomeinismo’ contra la Prensa ha entrado en el delirio, como en un próximo pasado las persecuciones contra todo lo que se parecía ‘funesto para la revolución islámica’», relataba ABC en agosto. La represión de los guardianes de la revolución acalló las protestas, que se han reavivado después, como tras el asesinato de Mahsa Amini por no llevar bien puesto el velo o ahora, con un detonante económico que ha encendido de nueva la llama. Hoy se mueven al grito de ‘Mujer, Vida, Libertad’. ¿Y qué feministas españolas las defienden?
