La política exterior de Estados Unidos hacia América Latina atraviesa una fase de endurecimiento tras los acontecimientos recientes en Venezuela. Con el control del petróleo venezolano como punto de inflexión, la atención de Washington comienza a desplazarse hacia Cuba, un actor clave en el equilibrio geopolítico del continente.
Paraca Marcelo Pérez, analista internacional y académico del Campus Creativo de la Universidad Andrés Belloeste giro no es sorpresivo. “El primero era Venezuela, que era lo lógico por las reservas de petróleo que tiene, y luego de Venezuela el paso siguiente era lógicamente Cuba.”, explica.
El quiebre del eje Venezuela–Cuba
Durante años, la relación entre Caracas y La Habana se sostuvo sobre un intercambio estratégico: petróleo a cambio de apoyo político y de inteligencia. Un vínculo que, según el experto, hoy está en riesgo.
“La relación que ha tenido Venezuela con Cuba históricamente ha sido una de entrega sistemática de petróleo, y en respuesta Cuba ha brindado apoyo en especialmente los servicios de inteligencia.”, señala Pérez, añadiendo que estos servicios “hoy día deben estar entre los mejores de la región”.
La eventual interrupción del suministro energético desde Venezuela tendría consecuencias directas para la isla. “Venezuela era el principal alivio energético que tenía Cuba hasta hoy. Si esa transferencia de crudo se acaba, las condiciones de vida en Cuba se pueden ver directamente afectadas”, advierte.
Presión económica, pero sin colapso inmediato
Pese al recrudecimiento de las sanciones estadounidenses, el analista descarta un colapso inmediato del régimen cubano. “Cuba hace muchos años que está sobreviviendo al bloqueo económico de Estados Unidos”, afirma, recordando que la isla se ha enfrentado a escenarios similares en el pasado.
No obstante, el contexto actual es más complejo: Rusia se enfrenta a restricciones por la guerra en Ucrania, y el apoyo de China e Irán también está condicionado por tensiones globales. “Ahora se corta la salida más cercana y constante que tenía Cuba, que era Venezuela.”, subraya.
¿Puede repetirse en Cuba lo ocurrido en Venezuela?
A diferencia del caso venezolano, Pérez considera poco probable una intervención directa o un colapso político en Cuba. “La relación entre Cuba y Estados Unidos tiene mucha más historia. Desde la Revolución Cubana, las relaciones están rotas”, recuerda.
El académico destaca que el régimen cubano posee un control interno y una experiencia en seguridad superiores. “El manejo que tiene el régimen cubano sobre su población es diferente, y sus servicios de inteligencia son mucho más efectivos.”, sostiene.
Por eso, ve improbable un escenario similar al venezolano. “Cuba es un enemigo mucho más complejo para Estados Unidos”, afirma.
Un conflicto de largo aliento
Más que una reconfiguración rápida, el escenario apunta a un proceso prolongado. “Esto va a ser un proceso muy lento. Cuba ha aprendido con el tiempo cómo resistir este tipo de situaciones”, explica Pérez.
El factor clave, dice, estará fuera de la isla: “Va a ser muy importante ver qué tan dispuestos están Rusia, China e Irán a no dejar caer a Cuba como enclave estratégico en el continente.”.
Mientras tanto, el caso cubano vuelve a instalarse en el centro del debate regional, en un contexto donde la disputa por influencia en América Latina vuelve a intensificarse y donde el desenlace dependerá tanto de la presión estadounidense como del respaldo de las potencias que hoy desafían su hegemonía.

