Fui adolescente en el paso del predestape (empezaban a salir chicas en las revistas con la camisa desabrochada pero no se veía nada o se veía un pezón de perfil muy de aquella manera) al destape, con las estrellas del desnudo que se exhibían en las revistas y que podías ver en los cartones de las películas que ponían en el cine y en las portadas que colgaban en el quiosco. En una clase en la que, hasta el BUP (catorce años), todos éramos chicos, fue un arrebato sensacional. Teníamos un tutor, que era profesor de catalán, religión y filosofía, y que años más tarde fue obispo: ya lo he contado otras veces. Frente a aquel despliegue de duchas, tetas y felpudos se vio obligado a decir alguna cosa, más que nada para quitarle importancia. la revista Interviú, con sus tres reportajes de señoras en pelotas, empezaba a capitalizar la moda de ir en porreta. El profesor nos dijo que el éxito de aquella revista era debido a que los señores, cansados de sus señoras, se imaginaban que aquellas chicas de las revistas eran sus esposas. Pensé: qué manera más rara de ver las cosas que tiene este hombre.
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