El sector del butano sigue vivo, ya nivel regulatorio está de plena actualidad. Tanto que el tribunal supremo ha dado la razón a disay obliga al Ministerio para la Transición Ecológica a que elaborar una normativa para una correcta retribución … a los repartidores de butano.
La sentencia, avanzada por el diario El Confidencial, ya la que ha tenido acceso a este periódico, estima una disposición en la que «obliga al referido departamento ministerial a actualizar, previo acuerdo de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos, el sistema de determinación automática de precios máximos de venta, antes de impuestos, del gas licuado del petróleo (GLP) para envases con carga igual o superior a 8 kilogramos e inferior a 20 kilogramos».
Según consta en el fallo, se ha estimado el recurso contencioso-administrativo interpuesto por Disa. Por ello, se ha condenado a la Administración a que en el plazo de seis meses deba tramitar la norma reglamentaria.
Es decir, la sentencia concluye que esta actividad –llevar el butano a casa– debe estar recompensada por parte del Gobierno, y que se debe hacer en disposición de la regulación que se fijó en su momento.
Nueva vida del butano
El uso del butano como fuente de energía ha disminuido en las últimas décadas, se trata de un hecho incontestable. Las cifras lo reflejan: se ha pasado de 1,5 millones de toneladas envasadas en 2003 a poco más de 700.000 en 2023. A esto se suman las instalaciones de gas natural, que se han convertido en el estándar, así como las vitrocerámicas eléctricas que han desplazado a los tradicionales fuegos para cocinar.
El uso del butano como fuente de energía ha disminuido en las últimas décadas, se trata de un hecho incontestable. Las cifras lo reflejan: se ha pasado de 1,5 millones de toneladas envasadas en 2003 a poco más de 700.000 en 2023. A esto se suman las instalaciones de gas natural, que se han convertido en el estándar, así como las vitrocerámicas eléctricas que han desplazado a los tradicionales fuegos para cocinar.
Pese a todo, incluida una crisis energética que, lógicamente, también ha afectado a la bombona de butano a nivel de precios, su tradicional color naranja –aunque también existen otros modelos– ha encontrado nuevos compañeros de viaje. Inesperados, con patrones replicables a sus antecesores pero, a fin de cuentas, con necesidades energéticas. También han cambiado los lugares y formas de consumo. Por eso, la otra parte de la ecuación, los que venden, también han tenido que transformarse.
