El secretario general de la Organización de Naciones Unidas, António Guterres, tocó a arrebato este jueves. Canción triste en los cuarteles centrales de Nueva York. Aprovechó el estrado de la asamblea general para describir un mundo que se encamina hacia el desastre absoluto y que lo hace en paralelo a un posible colapso de la ONU por la falta de financiación debido al incumplimiento de los estados miembros.
“La situación hoy es totalmente insostenible”, alertó en su último discurso anual de prioridades antes de dejar la Secretaría General a finales de este año. El principal donante, Estados Unidos, le ha dado la espalda al multilateralismo con la diplomacia imperialista y neocolonialista que ha adoptado la administración de Donald Trump.
“Esta es la paradoja de nuestra era. En un momento en que más necesitamos la cooperación internacional, somos los menos dispuestos a utilizarla e invertir”, remarcó Guterres en clara alerta por la organización que nació para canalizar esa cooperación.
“Algunos están dando el toque de difuntos a la cooperación internacional”, lamentó en su discurso con la supervivencia de la ONU en el horizonte
Pero entonces regresó al presente ya la necesaria renovación de una institución que funciona igual que hace 80 años, cuando se fundó, en un mundo diferente, en las antípodas. “Si las estructuras no reflejan nuestro tiempo, nuestro mundo, nuestra realidad, entonces pierden legitimidad”, señaló.
“Sí, la reforma tiene que ver con los recursos y utilizar estos recursos efectiva y eficientemente. Los presupuestos importan, pero solo si cada estado miembro paga su contribución íntegra ya tiempo”, matizó. “Esto no es un menú a la cara, es un precio fijo”, insistió.
“O bien todos los países cumplen con sus compromisos bajo la Carta (documento fundacional de la ONU), que no parece ser el caso, o los estados miembros deben reformar nuestras normas financieras para evitar un colapso presupuestario”, remarcó en su imploración.
Prometió, sin embargo, que “no nos rendiremos”. La situación global precisa de más ONU que nunca, reiteró.
“La erosión de la ley internacional no sucede en las sombras. Gente por todas partes es testigo, en tiempo real, de las consecuencias de la impunidad, del uso ilegal de la amenaza de la fuerza, los ataques a civiles, a los trabajadores humanitarios de Naciones Unidas, de los cambios inconstitucionales de gobiernos, la violación de los derechos humanos, el silenciamiento de la disidencia, el saqueo de los recursos”, denunció.
“Cuando un puñado de individuos puede influir en las narrativas globales y en el resultado de las elecciones o dictar los términos del debate público, no solo estamos enfrentando la desigualdad, enfrentamos la corrupción de las instituciones y los valores compartidos. La concentración de poder y riqueza en unas pocas manos es moralmente indefendible”, apostilló.
Guterres no dio nombres, pero tampoco hizo falta.
