Santiago Garaño y Werner Pertot eran alumnos de segundo y de tercer año del colegio nacional de buenos aires cuando participó en el Puente de la Memoria, un acto en el que las autoridades reconocieron a los exalumnos desaparecidos Durante la última dictadura cívico-militar. Corría el año 1996 y aquel homenaje “sembró las primeras inquietudes que nos llevaron a escribir este libro”, según recuerdan en La otra juvenilia, una investigación tan minuciosa como emotiva de la militancia y la represión política en el Colegio fundado por Bartolomé Mitre en 1863.
En su cuarta edición, por el Fondo de Cultura Económica, La otra juvenilia Incluye prólogos de José Pablo Feinmann y la Madre de Plaza de Mayo Vera Jarach.; testimonios de Marcelo Brodsky, Miriam Lewin, Juan Salinas y Horacio Verbitskyentre otros; y epílogo del historiador Enrique Carlos Vázquez. El libro se publicó por primera vez en 2002 y sigue abierto, porque “la memoria es una reconstrucción incesante de aquello que no nos deja en paz”, afirman Garaño y Pertot.
La historia del Colegio Nacional de Buenos Aires no carece de bibliografía pero el período que transcurrió entre 1973 y 1983 fue con frecuencia omitido en las memorias institucionales, según los autores de La otra juvenilia.
Desde mediados de los años 90, sin embargo, la crónica, el arte y la ficción reivindicaron el “pasado negro” con títulos como Franca, la historia de una desaparecidade Gustavo Szulanskysobre Franca Jarach, desaparecida a los 18 años en la Escuela de Mecánica de la Armada; buena memoriael ensayo fotográfico de Marcelo Brodsky dedicado a su hermano Fernando ya Martín Bercovich, también desaparecidos durante la dictadura; y ciencias moralesla novela de Martín Kohan que recibió el Premio Herralde.
Más de cincuenta entrevistas
Garaño y Pertot nacieron en Buenos Aires en 1981 y no vivieron la historia que cuentan. Con tal fin, hicieron más de cincuenta entrevistas con exalumnos, profesores, no docentes, preceptores y familiares que fueron protagonistas o testigos de la época, material digitalizado y puesto en acceso público por el Conicet.
Además desarrollaron un extraordinario trabajo de archivodonde se destacan entre otros hallazgos la colección de la revista Aristócratas del saber, publicado por estudiantes de manera clandestinay papeles que documentan la complicidad del exvicerrector Icas Edgardo Jorge Micillo con la ideología del terrorismo de Estado y la delación de alumnos y docentes ante los militares y la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE).
El título del libro se refiere a que Miguel Cané publicó en 1882. y al cambio de sentido que la generación de 1973 proyectó en la formación pedagógica que se asignaba el colegio, según Enrique Carlos Vázquez: “De clase dirigente del país liberal a vanguardia de una revolución contra ese país liberal”. Una etapa que tuvo su “primavera” entre junio y septiembre de aquel año, cuando Raúl Aragón (1929-2004) fue compañero como rector.
La otra juvenilia reconstruye la historia política del Colegio entre 1971 y 1986 a través de tres capítulos extensos: “Antes”, centrado en el período de Aragón como rector; “La dictadura”, sobre la represión iniciada durante el rectorado de Eduardo Aníbal Rómulo Maniglia, un profesor sin mayores antecedentes y suboficial en reserva apodado “la Bestia”; y “Después”, con la recuperación de la democracia y las acciones de memoria. el libro Incluye fotografías, facsímiles de documentos y una nomina de 108 exalumnos y un profesor víctimas del terrorismo de Estado.; “por las características clandestinas de la represión, la lista sigue abierta”, dicen los autores.
La reconstrucción se profundiza además con el archivoa través de apartados que atraviesan la historia: “despliegue de voces”, donde Garaño y Pertot recuperan entrevistas periodísticas y comunicaciones internas del colegio, y “los militantes caídos”, semblanzas de exalumnos.
La represión comenzó antes de la dictadura militar. y se inscribió de modo descarnado con el asesinato de Eduardo Horacio Bekerman, perpetrado el 22 de agosto de 1974 por la Alianza Anticomunista Argentina.
Aragón decidió que Bekerman fuera velado en el claustro central del colegio. El rector no era peronista ni de izquierda, y con la democracia fue secretario de la Conadep y continuó una destacada trayectoria como docente.
Durante su gestión condujo un plantel de profesores heterogéneos, sin perseguir a los que habían apoyado a la dictadura precedente, permitió la militancia política fuera del horario de clase y respaldó iniciativas de los alumnos: “Los chicos están convencidos de que hay que cambiar el sistema”, dijo.
Reinauguración del Aula Magna Colegio Nacional de Buenos Aires. Foto: Antonio Becerra.Entre otras innovaciones, Aragón creó un Departamento de Participación Estudiantil y las “Mesas de Trabajo para la Reconstrucción Nacional”, donde propuesto discutir el perfil histórico elitista del colegio y el sentido “de la vuelta olímpica” con que los estudiantes festejaban la graduación.
La designación de Alberto Ottalagano como interventor de la Universidad de Buenos Aires clausuró abruptamente la etapa: el nuevo rector, Mario Garda, contrató a militantes de Guardia de Hierro como preceptoresprohibió el cuerpo de delegados, instaló un examen de ingresotoleró la irrupción de hombres armados para disolver una asamblea y promovió la expulsión de estudiantes.
Frases de Jorge Rafael Videla
La represión se intensificó con el rector Maniglia y el vicerrector Micillo.puestos en funciones antes del golpe del 24 de marzo de 1976. Según detalle La otra juvenilia, el pizarrón del hall de entrada del colegio ostentó frases de jorge rafael videla Mientras las nuevas autoridades dispusieron cesantías de profesores e interrogatorios de alumnos, se obsesionaron por la vigilancia al punto de considerar el pelo largo un indicio de subversión y “colaboraron con información cada vez que se lo requirieron” jefes militares que estaban a cargo de centros clandestinos de detención.
El clima impuesto durante la dictadura puede condensarse en la orden de un preceptor a los alumnos: “Hablen en silencio”. Las sanciones no fueron menos absurdas, como obligar a un curso a subir y bajar escaleras sin interrupción.
Pero al mismo tiempo comenzó a gestarse una nueva rebeldíaque comenzó a manifestarse con la revista aristócratas del saber (el título fue una apropiación irónica de una frase de Maniglia), se incrementó con la apertura política después de la guerra de Malvinas y llevó a la creación del Centro de Estudiantes del Nacional de Buenos Aires el 11 de octubre de 1982 ya la militancia en derechos humanos.
Biblioteca del Colegio Nacional de Buenos Aires. Foto: Matías Baglietto.En el acto Puente por la Memoria la madre de Plaza de Mayo María Adela Antokoletz convocó a los jóvenes a “componer en sus propias historias el cuadro del pasado”. En ese sentido la reedición de La otra juvenilia “parte de la idea de, una vez más, conectar generaciones”, dicen los autores.
Si en su primera aparición “auguró lo que estaba por venir y fue un emergente de una época de lucha colectiva contra la impunidad”, la expectativa es ahora transmitir los hechos a los jóvenes y “que la experiencia de este libro sea contagiosa, que otros se apropien del pasado, que las historias se multipliquen, que la memoria no se pierda”.
Santiago Garaño es doctor en antropología y profesor en la Universidad de Buenos Aires, y autor además de Deseo de combate y muerte. El terrorismo de Estado como cosa de hombres (2023). Periodista y licenciado en letras, Werner Pertot publicado entre otros libros Los días sin López. El testigo desaparecido en democracia (con Luciana Rosende, 2013). “Todavía queda un trabajo muy arduo.: recuperar las historias de vida de cada una de estas personas”, dicen sobre los desaparecidos y asesinados que fueron alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires.
La otra juveniliade Santiago Garaño y Werner Pertot (FCE).
