Las remesas que envían los migrantes ecuatorianos se consolidan como un pilar de la economía ecuatoriana. Según del Banco Central del Ecuador (BCE)durante el tercer trimestre de 2025 este flujo alcanzó su nivel más alto en la historia.
Fueron más de 2.000 millones de dólares en un solo trimestre. Alcanzaron un acumulado cercano a 5 737 millones entre enero y septiembre de 2025. El crecimiento superó el 20% respecto al 2024.
Estas cifras se consolidan a las remesas como unas de las principales fuentes de divisas del Ecuador. Su monto supera a la inversión extranjera e, incluso, algunos rublos de exportación.
Las remesas, en su mayoría provenientes desde Estados Unidos, que aporta cerca del 77% del total—sostentan económicamente a más de 1,7 millones de familias ecuatorianas. Esos recursos los destinan al consumo básico, educación, salud, pago de créditos, pero muy poco a la inversión.
Sin embargo, la evidencia reciente también pone de manifiesto un problema estructural. Ecuador carece de políticas públicas claras para canalizar estos recursos hacia inversión productiva y desarrollo sostenible.
Las remesas sirven principalmente para consumo familiar, lo que responde a necesidades urgentes. Pero sin mecanismos de incentivo, ahorro e inversión, este flujo de recursos se queda en el ciclo de gasto. Es decir, no se transforma en capital para emprendimientos, servicios financieros inclusivos o infraestructura social.
Ecuador debe tener programas que fortalezcan la inclusión financiera de los receptores. Hay que acompañarlos con educación económica y productos que promuevan el ahorro y la inversión local. La confianza y la seguridad son clave para que los migrantes y sus familias se decidan a invertir.
A esto se suma un cambio en el entorno internacional. Desde el 1 de enero de 2026, Estados Unidos aplica un impuesto del 1% sobre ciertas remesas enviadas desde ese país. Los expertos consideran que si bien se encarece el costo de los envíos, no afectará -en gran medida- el flujo hacia el país.
Este nuevo gravamen debería ser un llamado de atención. Ecuador debe diseñar políticas que maximicen el valor de cada dólar que ingresa.
Eso implica desde acuerdos internacionales para preservar canales de envío eficientes hasta programas nacionales que integren remesas con el sistema financiero formal y alternativas de inversión comunitaria.
Las remesas no deben ser vistas solo como una red de seguridad financiera temporal, sino como una oportunidad estratégica para el desarrollo económico. Hay poblados de Cañar, Morona Santiago, Chimborazo o Azuay que deben casi, en su totalidad, de las remesas. Ese dinero no solo debe contribuir a la superación de las familias de los migrantes, sino también convertirse en un multiplicador que impulsa el desarrollo local.
