“Todos tenemos derecho a ser mirados y admirados… ‘Al próximo que me llame campeona, lo apuñalo’, escribe Inés Rodríguez (@inusu_al)”. Con esta presentación, llega al Teatre Nacional de Catalunya (TNC) la nueva creación de Vero Cendoya, que ha contado para la dramaturgia con Israel Solà, de la compañía La Calòrica.
Para esta propuesta de danza y teatro, actores y actrices con diferentes capacidades suben al escenario para hacer visible la diferencia. Se trata de un “ensayo sobre la enfermedad, la discapacidad y el derecho a elegir la vida que queremos vivir”, a partir del ensayo. Brillante imperfección, del activista norteamericano discapacitado y queer Eli Clare, que justamente trata estas cuestiones.
“¿Si Liddell suelta todas sus cosas, porque las personas con discapacidad no pueden hacer lo mismo?”
Cendoya cuenta que el subtítulo del espectáculo hace referencia a las musiquillas de piano insoportables que acompañan a los vídeos donde aparecen personas con diferentes capacidades. “Hemos encontrado 38 maneras de matar al pianista, por la música que aparece en los vídeos de gente con discapacidad –asegura la creadora–. Tenemos que anular este aspecto sentimental de todas partes”.
Para la obra, Cendoya se ha inspirado en el ensayo de Eli Clare, “porque es una idea muy lejana de la imagen que nosotros tenemos de la gente discapacitada”. Y resume: “En la obra aparecen tres bailarines y nos hemos concentrado mucho en mameluco estereotipos celebrando una fiesta de las imperfecciones: un canto a la imperfección”.
La creadora ha encontrado inspiración en las obras de Angélica Liddell con respecto a la desinhibición de hablar abiertamente de todas sus cosas: “Queremos, mediante el escenario, que conozcamos a cada uno. Si Liddell suelta todas sus cosas, ¿porque las personas con discapacidad no pueden hacer lo mismo?”, se pregunta.
Solà, que firma la dramaturgia con Cendoya, manifiesta: “Todos nos necesitamos. Es muy importante entender eso porque te libera. Y es muy guay entender lo que dice Vero, que todos seremos dependientes en algunos momentos de la vida, de un modo u otro”, de manera que todo el mundo puede identificarse con lo que se explica a la obra. “Tal como hemos ido trabajando, hemos descubierto que la danza y el gesto se ha vuelto más importante que la palabra para expresar todo eso”, señala.
“En nuestros espectáculos, donde somos más académicos y canónicos, intentamos eliminar todas las imperfecciones –continúa Solà–. En esta obra, en cambio, potenciamos la belleza de las imperfecciones”, y de aquí surge la idea que expresa el título. “Una brillante imperfección no es un espectáculo total”, insiste, en el sentido de que es imposible aclarar y solucionar todos los escollos que rodean el mundo de los intérpretes. Por ello, “necesitamos muchos espectáculos para hablar de toda esta complejidad. Aquí solo damos tres ideas”, resume.
Tal como apunta Solà, Cendoya es muy consciente de que lo que puede aportar este espectáculo es solo un grano de arena en la gran montaña que todavía hay que escalar. Pero no se rinde: “Hace muchos años que trabajo con personas con diferentes capacidades, y eso a veces me toca demasiado, porque estoy muy implicada. Una amiga me dice que tranquila, que este ‘temita’ no lo solucionaré yo con un espectáculo”. Pero Vero Cendoya no se rinde.

