Las redes sociales se han convertido en el principal escenario de la comunicación política. Hoy, autoridades, candidatos y partidos utilizan plataformas como Instagram, X o TikTok para informar, opinar y conectarse con la ciudadanía. En segundos, un mensaje puede llegar a miles de personas. Pero esta rapidez también tiene un costo: la política se ha ido reduciendo a frases cortas, imágenes llamativas y consignas diseñadas para viralizarse.
El problema no es el uso de las redes sociales en sí. Estas herramientas han permitido una comunicación más directa entre representantes y ciudadanos. El verdadero desafío surge cuando el contenido político se vuelve superficial, privilegiando el impacto visual por sobre el debate de ideas. Fotografías de actividades, mensajes grandilocuentes y eslóganes reemplazan a la discusión seria sobre los problemas reales del país y de las comunidades.
La comunicación política debería centrarse en las personas, no en el protagonismo de quienes emiten los mensajes. Las redes pueden servir para informar y escuchar, pero no pueden transformarse en simples vitrinas de autopromoción. La ciudadanía necesita espacios donde se discutan propuestas, se contrasten visiones y se construyan acuerdos con profundidad.
Es clave entender que las redes sociales son solo una herramienta, no la política misma. Gobernar implica tomar decisiones, dialogar con distintos sectores y responder a las necesidades de la población. Nada de eso cabe en un post de pocos caracteres o en un vídeo de segundos. La política, entendida como el arte de conducir los asuntos públicos, requiere tiempo, reflexión y compromiso.
A este escenario se suma un nuevo factor: la inteligencia artificial. Hoy es cada vez más difícil distinguir entre contenidos auténticos y mensajes creados o manipulados digitalmente. Esto aumenta el riesgo de desinformación y debilita la confianza en el debate público, afectando la calidad de la democracia.
Frente a este panorama, resulta necesario recuperar el valor del diálogo real, la conversación informada y la búsqueda del bien común. Las plataformas digitales pueden apoyar este proceso, pero no deben reemplazarlo. La política no cabe en un post, porque gobernar va mucho más allá de una publicación en redes sociales.
Luis Fernando González V.
Subdirector
