«El 12 de octubre ganó la tauromaquia.». Así resumió Fernando Robleño aquella jornada de hace tres meses que sigue presente en la vida de cada aficionado que tuvo la suerte de disfrutarla, y de la que seguiremos hablando por muchos años. lo … que siempre estuvo claro de ese día, antes de presentar los carteles, era que sería la última tarde de Robleño. Y es que el madrileño anunció a principios de la pasada temporada, que ese sería su adiós.
Veinticinco años estuvo lidiando las corridas duras, sin escatimar esfuerzos, entregándose y ganándose el respeto de aficionados y compañeros. «Ahora que ya todo terminó, veo las estadísticas y me dan respeto y vértigo, y me pregunto cómo he sido capaz de hacer todo eso y de llegar hasta el final». Un mérito enorme. Y con la sinceridad con la que toreaba, habló sin tapujos a los aficionados: «He toreado muchas tardes, y siempre he intentado siempre dar todo lo que he podido. Si no he podido, ha sido porque el corazón no me ha dejado. No ha habido un momento en mi vida en el que pudiera hacer más y no quisiera hacerlo. Siempre intenté mejorar y avanzar».
Tropical, el último toro de su carrera
Aún así, el maestro cree que «me he retirado con cosas por decir». Y también por aprender, algo que ha comprobado como director de la Escuela Taurina El Yiyo: «Lo pensé los días anteriores al 12 de octubre viendo a los alumnos. Yo también podía mejorar, y aprender de ellos». Siempre parece que uno se retira sin haber logrado la faena soñada, pero Robleño estuvo cerca muchas veces. Madrugador, Navarro, Caminero, Avidor o Tropical fueron algunos de los toros que recordaba especialmente.
Tropical fue el más especial de todos: su último toro, en su primera (y última) tarde lidiando Garcigrande. Salió tras la inesperada retirada de Morante. «No me lo esperaba y Me quedé impactado», recordó Fernando. «Cuando él cortó las dos orejas al cuarto, pensé que me quedaba uno y que ponía la tarde cuesta arriba con el lío que había formado. Pero cuando vi que se fue a los medios y se quitó el añadido, me quedó impresionado. Le vi sufriendo y pasándolo mal».
Muchos pensaron que la retirada de Morante eclipsó la suya, pero Robleño lo desmintió con rotundidad. «Era el último toro de mi carrera. Si me hubiera molestado, no habría podido torear como lo hice. Yo me olvidé de todo. La mala suerte fue que lo pinché. Eso fue lo que a mí me doló. Lo demás, para nada«, explica, deseándole al de La Puebla una pronta recuperación, «porque la tauromaquia le necesita».
La espada le cerró aquella tarde la puerta grande. Otra vez más. Fue su talón de Aquiles durante toda su carrera. De haber matado bien, sus tres puertas grandes habrían sido, como mínimo, seis. Tanto le frustraba la tizona, que llegó a plantearse cambiar de técnica. Es zurdo, «y recuerdo que mi abuelo me decía que tenía que matar con la izquierda, y yo no le hacía caso, pero de novillero pinchaba mucho».
«Con otra espada, habría sido distinta mi carrera»
Ya de matador, un invierno pensó que lo mismo el abuelo tenía razón y estuvo entrenando al carro con la zurda. «Me hice una espada con la empuñadura para la izquierda. Hice una fiesta campera con mi peña, y me regalaron dos toros de Sánchez Arjona, y probé. Me perfilo… los dos toros muertos a la primera. Pensé que ese era el remedio. Llegó mi primera corrida en Céret, una de Miura. Un desastre…», recuerda riéndose. Siguió igual la siguiente. «Y me volví a la derecha. Me he preocupado muchas veces porque, con otra espada, seguramente habría sido distinta mi carrera».
Hablaba de la ganadería de la A con asas, que tanto ha lidiado. En especial grababa dos. Uno en Valencia y otro en Nimes. Fueron los toros con los que pasaron más miedo. Aquella tarde en el coliseo fue un mano a mano con Javier Castaño, televisado. «A ese toro le corte una oreja, no sé ni cómo. Pero de lo mal que me sentí, cuando llegué al callejón, lo primero que dije fue: ‘No piensen que yo no sé torear, que también sé‘. Porque lo veía por la cara por ahí, que me quería coger… Yo he entrenado y he tenido la ilusión de torear. Y por desgracia no muchas tardes lo he podido desarrollar».
Hierros que ha matado Robleño en Madrid
Su carrera, marcada por las corridas duras, exigía «un enorme desgaste, físico y psicológico. Lo he pasado muy mal, he sufrido muchísimo». Y esa ha sido una de las razones de su retirada: «Las temporadas últimamente no han sido muy largas, y es muy duro prepararte mentalmente para eso». Agrega: «Todos mis respetos para todos los compañeros con los que he toreado tantas tardes, las cuadrillas… porque son corridas que no se pasa mal sólo con tus toros, se sufre viendo a los compañeros. Es muy difícil cortar orejas con esas corridas. Hay tardes en las que salir andando de la plaza es un triunfo, y eso, por desgracia, luego no sirve.».
Una joven aficionada comentando que, al hablar con sus amigos, lo que más le costaba era explicarles que los toreros son quienes más aman al toro. «El toro es tu colaborador. Te coge y te hiere, pero forma parte de esto. Amamos tanto al toro, que muchos cuando pueden se hacen ganaderos». Y confesó que un sueño para él sería tener su propio hierro, y »dedicar su vida entera a criar al animal más bonito que puede existir».
Puestos a soñar con ser ganadero, Robleño seleccionaría un toro «con una primera parte exigente, y que, con un torero poderoso, se entregue y permita el torear de manera artística. Con fijeza, humillación y bravura», aunque sin señalar hierros o encastes. Lo que sí hizo al ser preguntado sobre la ganadería más ligada a su carrera, sin dudar: José Escolar.
«Hay tardes en las que salir andando de la plaza es un triunfo, y eso, por desgracia, luego no sirve»
Aunque el chispeante ya está colgado, Robleño sigue ligado a la Fiesta: «Ser director de la Escuela está ocupando ese gran vacío que deja el dejar de toreary lo estoy pasando menos mal». Y se emociona al ver tanta juventud: »Hay apuntados más de cien alumnos. Y que vayan a diario cincuenta chicos con el sueño de ser toreros es maravilloso».
¿Se considera Robleño torero de Madrid? Sonríe. «Hablar de mí no me gusta, y eso deben decirlo ustedes. Yo me he sentido querido, respetado y admirado.. ¿Qué es ser torero de Madrid? Pues eso, respeto y admiración. ¿Qué he hecho yo para conseguirlo? Sufrir mucho», bromea. Pero en esa sonrisa hay algo más que humor: está la certeza íntima de que, efectivamente, Fernando Robleño ha sido -y siempre será- Torero de Madrid.
