La enfermedad renal cronica afecta hoy a entre el 10 y el 15 por ciento de los adultos en el mundo y podría ubicarse entre las cinco principales causas de años de vida perdidos hacia 2040.
Investigadores del Instituto Karolinska, en Suecia, analizaron datos clínicos de millones de personas para determinar cómo cambios discretos en la función renalincluso cuando los resultados parecen normales, pueden anunciar un mayor riesgo. El estudio se realizó en la región de Estocolmo, se basó en pruebas médicas recopiladas entre 2006 y 2021 y busca mejorar la detección temprana para prevenir complicaciones graves.
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Los riñones pueden deteriorarse sin generar señales evidentes. En muchos casos, el diagnóstico llega cuando ya se ha perdido más de la mitad de su capacidad funcional. Esta falta de síntomas iniciales dificulta la intervención oportuna y explica por qué gran parte de los pacientes recibe atención médica en etapas avanzadas de la enfermedad.
Resultados extremos de función renal se asociaron con mayor riesgo de muerte futura. Foto:iStock
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Cuando “todo está normal” puede ser una trampa
La investigación, publicada en Kidney International, demostró que alteraciones leves en la tasa de filtración glomerular estimada (TFGe), incluso dentro de los valores considerados normales, pueden señalar un riesgo elevado de desarrollar enfermedad crónica renal. A partir de estos hallazgos, el equipo científico elaboró distribuciones poblacionales de TFGe para apoyar a los médicos en la identificación temprana de pacientes vulnerables.
El trabajo se centró en la TFGe, el indicador más utilizado para evaluar la función renal. Con base en este parámetro, los investigadores diseñan en una herramienta digital que permite comparar el resultado de un paciente con los valores esperados según su edad. “Nos inspiramos en las tablas de crecimiento y peso que se utilizan en pediatría, que intuitivamente ayudan a los médicos a identificar a los niños con riesgo de obesidad o crecimiento insuficiente”, explicó Yuanhang Yang, primer autor del estudio e investigador postdoctoral del Instituto Karolinska.
Además de los gráficos, el equipo puso a disposición de los profesionales de la salud una calculadora en línea, desarrollada por el estudiante de doctorado Antoine Creon, que facilita evaluar cómo se posiciona la TFGe de una persona frente a las normas poblacionales correspondientes.
El TFGe se comparó por edad y sexo para identificar desviaciones clínicamente relevantes. Foto:iStock
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Lo que tus análisis rutinarios podrían estar ocultando
El análisis incluyó a más de 1,1 millones de adultos, lo que representa cerca del 80 % de la población de entre 40 y 100 años en Estocolmo. Para construir las distribuciones por edad y sexo, se examinaron casi siete millones de pruebas de TFGe realizadas a lo largo de 15 años.
Los resultados indicaron que alejarse de la mediana de TFGe para un grupo etario y sexo específico se asocia con desenlaces clínicos desfavorables. En particular, quienes presentaban valores por debajo del percentil 25 tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar insuficiencia renal que requiriera diálisis o trasplante. En cuanto a la mortalidad, el estudio evidenció una relación en forma de U: tanto los valores muy bajos como los muy altos se vincularon con un aumento del riesgo de muerte.
Solo una cuarta parte de pacientes en riesgo recibió pruebas adicionales para daño temprano. Foto:Stock
La investigación también puso en evidencia una brecha en la práctica clínica. Entre las personas con un TFGe superior a 60 ml/min/1,73 m pero ubicadas por debajo del percentil 25, solo una cuarta parte había sido sometida a pruebas adicionales de albúmina urinaria, un examen clave para detectar daño renal temprano.
Un ejemplo citado por los autores es el de una mujer de 55 años con una TFGe de 80. Aunque este resultado suele considerarse adecuado, las gráficas desarrolladas en el estudio muestran que corresponden al percentil 10 para su edad y sexo, lo que implica un riesgo tres veces mayor de iniciar diálisis en el futuro. “Esto indica una oportunidad para actuar con mayor rapidez”, señaló Juan Jesús Carrero, profesor del Departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística del Instituto Karolinska.
El trabajo forma parte del proyecto SCREAM y contó con financiación del Consejo Sueco de Investigación, la Fundación Sueca de Cardiología y Pulmón, la Región de Estocolmo y la Fundación Sueca del Riñón, entre otras entidades.
Prensa Europa
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en la información publicada por Europa Press, y contó con la revisión de la periodista y un editor.
