Empatados a una victoria cada uno, el tercer duelo de la temporada decantó la balanza hacia el Real Madrid, que destrozó la igualdad con un triunfo claro y concluyente, indiscutible, y que se explica con La calamitosa noche del Barça. El capítulo de la Euroliga se ha cerrado a falta de que el azar les vuelva a emparejar en las eliminatorias o en la Finales a cuatro. Pero los clásicos aún tienen episodios pendientes en la ACB, sea en la Liga o en la Copa en los que los azulgranas podrán desquitarse.
Con cuatro triples (dos de Shengelia y uno de Brizuela y Laprovittola) se antoja imposible ganar un partido de la Euroliga. Mucho menos fuera de casa y ante un rival de la talla del Real Madrid. Nada que hacer si, además, tipos que no disparan de lejos exhiben porcentajes de especialistas: Gabriel Deck enchufó cuatro triples de cuatro y Usman Garuba, dos de dos.
Sergio Llull frenó a Darío Brizuela durante el clásico de la Euroliga disputado en Madrid. / Kiko Huesca / EFE
Eddy Tavares recibió un homenaje por establecer el récord de rebotes en la Euroliga (2.016) que aumentó nada más empezar mientras añadía los seis primeros puntos del equipo, un robo y un tapón. A Miles Norris, su primer y abnegado marcador que no pudo compensar los 14 centimetros de diferencia. Tampoco los demás.
Falló el Barça de lejos (4 de 18), de cerca (17 de 33) y de personal (15 de 23), porcentajes condenatorios que se traducen en los escasos 61 puntos, la peor anotación de la campaña, tal vez el día en el que los azulgranas cometieron más violaciones por pasos. La prueba del desquiciamiento global.

Walter Tavares posa junto a sus compañeros de equipo con su reconocimiento al máximo reboteador de la Euroliga. / Kiko Huesca / EFE
defensa implacable
La rápida ventaja inicial supo gestionarla el Madrid ante un Barça sin regularidad en ataque, víctima de sus bajísimos porcentajes en la pintura y fuera de la línea, que iba perdiendo el oremus antes los brazos que iban apareciendo en las jugadas de ataque. Los de Scariolo se aplicaron a conciencia y fueron implacables en las penetraciones azulgranas, que solo se produjeron en ausencia de Tavares. La permisividad en los contactos perjudicó a los visitantes. El atosigado Punter sólo se sentía en paz en los tiros libres. Joel Parra no supo experimentar esa sensación.
Los 12 puntos del descanso establecieron la máxima diferencia en el primer tramo. La falta de constancia defensiva malograron un interesante acercamiento azulgrana que acortó la momentánea derrota del 29-19 al 32-29, que volvió a dispararse inmediatamente. Sucedió varias veces. En el tercer periodo, el Barça redujo el 43-31 al 45-40 que se transformó en un 55-40 y se estiró al 61-47 a falta del cuarto final.

Mario Hezonja obstaculizando a Joel Parra durante el segundo clásico de la Euroliga. / Kiko Huesca / EFE
El último de Brizuela
Pascual buscaba soluciones inmediatas agitando el banquillo, pero solo Shengelia jugó con temple al sorprender con dos triples en sus primeras intervenciones. Después se entonó Brizuela, que había comenzado fatal, con dos faltas. Cometió la tercera cuando había acertado sus tres tiros y debía gestionar la amenaza de irse al banquillo por la cuarta personal o por el castigo de Pascual si relajaba su rigor. Terminó siendo el máximo anotador, por delante de Laprovittola y Shengelia.
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