Lo vio todo el mundo, tanto los 28.451 espectadores que asistieron a Cornellà como aquellos que lo siguieron por televisión, por primera vez en abierto un partido de la Liga este curso. El Espanyol y el Girona, aunque clubes amigos históricamente, necesitan muy poco para mostrarse la tirria que se tienen en la actualidad, al menos sus aficiones. Una vez más, y ya van unas cuantas desde que los gironins llegaron a Primera en el 2017, ambas hinchadas se profesaron su animación y en esta ocasión esta nueva rivalidad cruzó los límites.
La tensión en la grada entre blanquiazules y blanc-i-vermells no fue continuada, sino puntual, hasta que las buenas formas se perdieron con el lanzamiento masivo de objetos a Gazzaniga en el añadido, tras el segundo gol, ya definitivo, de Vanat. No hubo los tan temidos altercados en el derbi barcelonés y sí, en cambio, en el otro derbi, cada vez más caliente, que le puede costar a los pericos el cierre del estadio, ya apercibido de sanción antes del partido.
La megafonía del RCDE Stadium advirtió en la previa a los hinchas visitantes, concentrados en la segunda grada. “No lancen objetos o serán desalojados”, se escuchó. Nada que ver con lo que ocurrió en el epílogo del duelo. Parecía que esa rivalidad exprés creada entre ambos clubes iba a subir otro peldaño con el pitido inicial, pero la falta de ocasiones, tampoco sin fricciones entre jugadores, calmó los ánimos.
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Los gritos de “puta Gerona” iniciados por la grada Canito y la respuesta inmediata en el otro bando al son de “puta Espanyol” fueron las únicas notas disonantes hasta que El Hilali cometió penalti. La parroquia perica se ensañó primero con el árbitro Galech Apezteguía, por lo que creían una pena máxima injusta, muy leve el contacto. La ira se tornó en euforia cuando Dmitrovic se erigió en héroe por un instante al parar el primer disparo desde los once metros de Vanat, pero la repetición del penalti, con el consecuente gol, elevó de nuevos los gritos hacia el ucraniano, que se llevó la mano al oido para celebrar el tanto.
Gazzaniga recrimina a los aficionados el lanzamiento de botellas.
El mismo guion se repitió en la segunda parte. Solo hubo un cántico esporádico de “tonto” a un suplente del Girona, que se ganó la amarilla por devolver un segundo balón al campo. Pero todo estalló con el segundo gol de Vanat, de nuevo de penalti. Gazzaniga, solo en su portería, lejos de la acción, atrajo todos los focos con la celebración del tanto. La grada, desquiciada al ver ya irremediable la derrota, la tomó con el argentino. Le llovieron botellas, algunas incluso de la segunda gradería, al argentino, que retó a los seguidores a seguir lanzando objetos mientras apartaba botellas. “Hijo de puta”, le corearon al meta.
La bronca siguió subiendo decibelios, insuficiente el mensaje emitido por megafonía, solicitado por el árbitro, para apaciguar los ánimos. Hasta que una botella dio en la espalda del arquero, acción que le puede costar cara al club blanquiazul. No será quizás una rivalidad histórica, pero cuando Espanyol y Girona se cruzan suele haber noticia, y desagradable, fuera del campo.
El acta del partido refleja los incidentes con Gazzaniga
“En el minuto 94, tras la consecución del segundo gol del Girona FC, se producen lanzamientos de botellas de agua de plástico sin tapón, con líquido en su interior, por parte de aficionados del equipo local, llegando a impactar una de ellas en la espalda del portero visitante sin causar daño aparente. Por este motivo, se activó la fase 1 del protocolo de lanzamientos sin que ocurrieran más incidentes”.
