Aunque todo el mundo está hablando de la llegada de Android 16 y de las funciones que mejoran el sistema operativo, no siempre es buena idea descargar e instalar el nuevo software. Hay motivos para evitar instalarla o al menos retrasarla varios meses en los teléfonos que llevan un tiempo en el mercado y están acercándose al final de su vida.
Llevamos muchos años viendo como se comportan las primeras versiones estables en los smartphones, aunque hayan pasado por un periodo de desarrollo llamado beta, al pulsar en actualizar estamos arriesgándonos a que el dispositivo sufra. Hay varios alicientes para evitarlo, aunque desde MovilZona solemos recomendar instalar los últimos parches y novedades del sistema en los teléfonoshay situaciones donde es mejorar tener paciencia.
¿Por qué no debería actualizar un móvil a Android 16?
Hay ciertos aspectos que no serán idóneos con la última versión del software si nuestro teléfonos tiene 3 o más años de antigüedad. Situaciones que si nos mantenemos en la versión actual no nos afectarán, aunque esto también nos llevará a perder posibilidades en mayor o menor medida. Cada tendrá que valorar si le merece la pena o no, recalcando que usuario además al no actualizar, no conseguiremos el último parche de seguridad, el que nos protege de vulnerabilidades.
El hardware se queda corto ante las novedades.
Esto será algo que afectará sobre todo a los dispositivos de gama media o de gama de entrada que siguen actualizándose a la última versión de Android. Terminales que aunque tienen un soporte extendido que les permite estar a la última, no cuentan con un hardware tan capacitado como los teléfonos de gama alta. Esto puede notarse en procesos tan sencillos como las herramientas integradas en la galería que utilizan la inteligencia artificial, pero también en procesos algo más complejos donde sobre todo no vamos a encontrar con una extrema lentitud a la hora de procesar las solicitudes.
La optimización de la batería
Se trata de una de las preocupaciones principales de los usuarios y con grandes motivos para ello, porque tras una actualización la batería necesita volver a aprender de las costumbres de uso. Pasado un periodo de tiempo de adaptación la batería debería de volver a rendir como lo hacía en la versión anterior de Android, pero en muchos casos esto no llega al completarse con los mismos resultados porque ahora el software y el hardware conviven de una forma diferente, adaptándose a las nuevas necesidades que surgen. Esto tiene tanta relación con el sistema, como con las aplicaciones instaladas, que modifican sus consumos por diferentes razones que podría tener que ver con la cantidad de archivos, los permisos e incluso el consumo de datos móviles.

Solo los móviles actuales están 100% optimizados
Aunque la fragmentación de Android ha llegado a su fin y hoy en día podemos encontrar infinidad de teléfonos que se actualizan tras 3 o 4 años de haber sido presentados al mercado, no todos cuentan con una optimización eficiente en todos los aspectos. Los más afectados son aquellos que llevan más tiempo en el mercado y por los cuales no se han desarrollado todas las pruebas o adaptaciones necesarias. No podría por qué ocurrir ningún problema, pero se ha visto en numerosas ocasiones como durante los primeros meses de la actualización el sistema puede presentar errores.
Un dato que proviene de la propia Google, quién compartió un informe anual de estabilidad de Android, donde explicaba que los dispositivos con más de 36 meses en el mercado registran, de medios, un 47% más de informes de errores críticos en las primeras semanas al recibir una actualización importante para el sistema.
