Por primera vez en años, concretamente desde que abandonó el Real Madrid en su primera etapa, el 27 de febrero de 2009, el nombre de Florentino Pérez aparece en las portadas de los medios de la capital señalado por la deriva del club en este arranque de 2026. Aquel “galacticidio” terminó con el presidente tirando la toalla y confesando que había “malcriado a los futbolistas”. Diagnóstico que quince años serviría perfectamente para definir la situación actual de los blancos.
Eliminado en Copa del Rey por el Albacete, con un entrenador que hace ocho meses entrenaba a juveniles, y con una gestión del club que comienza a levantar sospechas entre los aficionados y, especialmente, entre los socios. Esta semana, mientras Xabi se negaba a asumir la imposición de Pintus y era despedido, se cumplieron 20 años sin elecciones en el Real Madrid. Sintomático… En medio de esta atmósfera irrespirable Álvaro Arbeloa se estrena en el banquillo del Bernabéu con un Levante que viene de enlazar tres partidos sin perder en Liga, además de ganar su última visita en Nervión al Sevilla (0-3).
Bronca al palco y pitada al césped
En las oficinas del club se contempla una jornada dura para el presidente y los futbolistas. Se baraja una bronca al palco señalando a Florentino y una pitada a los jugadores, culpando a ambos de lo ocurrido en los últimos meses. Ante esta expectativa, Arbeloa, espartano de Mourinho y soldado obediente de Florentino, ha puesto ya la venda pidiendo a los madridistas que guarden sus reproches y acudan al Bernabéu a animar. “Respeto mucho la opinión del Bernabéu. Entiendo que el madridista esté dolido y decepcionado con nosotros, pero yo les voy a pedir apoyo”, advirtió en una previa en sala de prensa donde se le comienza a notar a la defensiva.
Arbeloa se ha ganado la confianza de Florentino, pero no la de sus futbolistas. Según adelantaba EL PERIÓDICO este viernes, sus jugadores han convenido no hablar delante suyo porque le han colgado la etiqueta de “chivato de Florentino”. El salmantino se ha querido desmarcarse de ello argumentando que “me gusta que lo que hablo con mis jugadores se queda en el vestuario”. La realidad es que Arbeloa es visto con recelo por los jugadores por su cercanía con el hijo de Florentino y su sospechosa elección sin haber contraído méritos suficientes para tomar el testigo de su amigo Xabi.
Después de evitar el viaje a Albacete, entre otros, a Mbappé, Bellingham, Courtois, Tchouameni o Carreras, se ha querido justificar señalando que “eran los que estaban disponibles, los que se quedaban estaban tocados o tenían algún riesgo de lesión”. La decisión de dejar a algunas estrellas en casa ha empoderado a un Vinícius que se subió al avión para tirar del carro junto a Valverde. El brasileño, más allá de cuajar un mal partido, mostró compromiso, otra razón para exigir un ascenso de ficha ahora que negocia la renovación. Continuidad que Florentino insiste en cerrar, pero que la grada y el madridismo ven cada vez más prescindible.
Será, por tanto, una complicada jornada de vermut y plebiscito en Concha Espina. Nadie espera que el veredicto de la afición sea vinculante, ni que Florentino vuelva a tirar la toalla con tantos frentes abiertos.: convencer a Klopp, fichar un mediocentro, sellar los ruidos del Bernabéu, la reestructuración accionarial del club, su sucesión con Anas Laghari a su sombra… Y en medio de la algarabía comparece un Levante con ganas de conquistar el Bernabéu y revolucionar La Castellana.
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