María Corina Machado puede alegar que con su gesto de traspasar su Nobel a Trump intenta obtener un cambio ayuda americana para llevar la democracia a Venezuela. Pero, ¿cómo puede justificar al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el disparate de inventar una especie de Nobel de la Paz del balompié para agasajar a su ídolo (estuvo en su toma de posesión)? Sorprende también –o no– que desde el mundo del fútbol no surgiera una enmienda a la totalidad a su servil presidente.
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