Hay logotipos y luego está el Monogram. ese ‘print’ marrón con flores, estrellas y letras entrelazadas que se ve a la legua, incluso con gafas de sol y prisas. el Monograma de Louis Vuitton está de aniversario: cumple 130 años y como un verdadero icono de la modasigue ahí: impasible, omnipresente y más vivo que nunca. Lo curioso es que nació con una mezcla muy poco glamurosa, de pragmatismo y orgullo de autor.
En 1896, cuando las Innovadoras maletas de Louis Vuitton Arrasaban en la Europa que empezaba a viajar en serio, el hijo del fundador, Georges Vuitton Tenía un problema muy actual: el éxito atraía las copias, los plagios, las imitaciones. Su solución fue tan elegante como definitiva. Diseñó un emblema propio, reconocible. Se inspiró en la ornamentación. neogotica europea y en el japonismo que impregnaba el París de finales del siglo XIX. Las LV iniciales entrelazadaslas flores de cuatro pétalos y los medallones geométricos eran sinónimo de elegancia y modernidad.
Lo que hoy es un icono de lujo no tuvo fama instantánea: al principio al público le costó aceptarlo. Antes del estampado LV, Vuitton había jugado con otros diseños, desde el lienzo Trianon gris hasta el ‘Damier’ de 1888, en su intento por diferenciarse y frenar las falsificaciones.
De baúles a bolsos urbanos
Bastante más tarde, en 1959, el Monogram dio un giro definitivo cuando se transformó de lona rígida de equipaje a lona flexiblelo que lo convirtió en material perfecto para bolsos urbanos y no solo para baúles.
Durante décadas, el Monogram fue sinónimo del arte de viajar. Equipaje para quien cruzaba océanos, sin terminales ‘low cost’. Pero el verdadero salto llegó cuando esos baúles y bolsas dejaron de vivir solo en estaciones de tren elegantes y empezaron a circular por la cultura popular. Y ahí el Monogram hizo algo extraordinario: se adaptó.
“Encarnando desde 1992 la elegancia parisina de forma clásica y sofisticada, el modelo ‘Alma’ evoca un refinamiento atemporal, inspirado en la arquitectura de la capital y los códigos emblemáticos de la Maison”. / LOUIS VUITTON
Hoy es imposible pensar en Louis Vuitton sin pensar en cinco piezas que ya son casi patrimonio emocional del lujo contemporáneo. el ‘Rápido’ (1930), símbolo de movilidad moderna; el ‘Guardar todo’ (1930), libertad en forma de bolso; el ‘Noé’ (1932), ingenio pensado originalmente para transportar champán; el ‘alma’ (1992), elegancia arquitectónica, y el ‘Nunca lleno’ (2007), la bolsa del día a día.
Cinco iconos que, 130 años después, siguen celebrando el espíritu de la Maison con la herencia intacta del Monogram, el hilo conductor de esta historia de la moda.
¿Irremplazable? Sin duda
Hay quien dice que el Monogram está quemado. Que es ostentoso, que pertenece a otra época, que grita lujo cuando ahora se supone que el lujo debe susurrar. Puede ser. Pero también es verdad que pocas marcas han tenido la osadía de no esconder su icono cuando las modas piden discreción.
Y cuando toca celebrar, lo hace a lo grande. Para el 130º aniversario del Monogramala casa presenta tres cápsulas muy bien pensadas: ‘Monogram Origine’, ‘VVN’ y ‘Time Trunk’, cada una reinterpretando el legado con materiales y técnicas distintas (desde lienzo de lino y algodón inspirado en archivos hasta estampados ‘trompe-l’œil’ que evocan los baúles clásicos).
un lenguaje universal
Lo más interesante del Monogram, 130 años después, no es su estética, que también, sino su capacidad para significar cosas distintas según quién lo lleva. Para algunos es herencia, para otros, aspiración. Para unos, lujo clásico; para otros, cultura pop.
Y ahí está su verdadero triunfo: haber pasado de ser una solución contra la falsificación a convertirse en un lenguaje universal. Dos letras y unas flores que hablan de viaje, identidad, éxito y contradicción. Pasado y presente.
130 años después, sigue haciendo lo mismo que en 1896: decir, sin necesidad de explicarse, que esto es Louis Vuitton. Y que algunas historias, cuando están bien construidas, no se evaporan. Se consolidan.

Louis Vuitton, su hijo Georges y su nieto Gaston posan frente a su fábrica en Asnières, Francia, 1888. / ARCHIVO LOUIS VUITTON
Suscríbete para seguir leyendo
