El FC Barcelona visita este mediodía (12h) a un Alhama que contará de nuevo con el polémico Randri García en el banquillo. El técnico acaba de regresar tras cumplir dos años de inhabilitación por trato vejatorio a sus jugadores. Un escándalo que salpicó al fútbol femenino español hace tres años y que ha dejado en evidencia la falta de protocolos claros ante escenarios como este. Desde que se destapó el caso en abril de 2023, hasta que fue apartado del banquillo en diciembre, pasaron ocho meses en los que siguió dirigiendo al equipo como si nada e incluso una vez inhabilitado, se mantuvo en el club como director deportivo.
El caso se remonta a la temporada 2022-23 cuando varias jugadoras revelaron la difusión de una fotografía de contenido obsceno con el entrenador como protagonista en el grupo de Whatssapp del equipo, en el que también había una menor. Además, denunciaban haber sido objeto de insultos machistas y vejaciones. “A mí me han chillado, humillado, ridiculizado y faltado al respeto. Llegaba asustada a los entrenamientos”, confesaron anónimamente algunos futbolistas.
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El club y el técnico lo negaron todo y 17 de las 22 futbolistas de la plantilla acabaron desmintiendo los hechos en un comunicado a través del sindicato AFE. Los cinco restantes consideran este comunicado la prueba de la coacción que se vive en el club “cuando tu acosador es tu jefe, con influencia en todo el club y parte del pueblo”. Y es que la mujer de Randri era por aquel entonces la directora deportiva del Alhama.
El sindicato Futpro presentó varias denuncias contra el técnico y en julio, la Inspección de Trabajo (ITSS) concluyó que se produjo un “comportamiento inadecuado” por parte del entrenador que generó “un ambiente laboral hostil producido por comentarios inadecuados, despectivos y humillantes”.
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Pese a todo, Randri siguió entrenando al Alhama hasta diciembre de 2023, cuando la investigación del Comité de Disciplina de la RFEF concluyó con la inhabilitación del técnico al que retiró la licencia por dos años e impuso una multa económica de 6.001 euros. Una sanción que fue ratificada por el TAD.
Randri nunca abandonó el club, obligado a dejar el banquillo, se hizo con la dirección deportiva, cargo que ahora compaginará con el de entrenador. Su mujer, Tamara García, la responsable según ITSS de haber enviado la fotografía obscena al grupo de jugadoras desde el móvil de su marido, también fue inhabilitada, en este caso por un año. Entonces era la directora deportiva del Alhama y ahora es la presidenta del club.
“El tiempo y el daño hecho, ni vuelven ni se recupera”, se lamenta Randri
Durante todo este tiempo, Randri y su mujer han seguido defendiéndose en los tribunales. Tras ser rechazada su apelación ante el TAD, acudieron a la justicia ordinaria y el pasado mes de noviembre les dieron la razón. La jueza consideró que “Las expresiones hacia sus jugadoras, siendo incorrectas e inadecuadas, no pretendían vejarlas por su condición de mujer”, y que “es más que discutible que el ambiente creado en el vestuario fuera hostil, degradante, humillante… con testimonios contradictorios”. Por ello, considera que debieron ser sancionados “de manera más liviana”. En el caso de Randri, con una multa económica, pero sin inhabilitación de ningún tipo.
“El tiempo y el daño hecho ni vuelven ni se recupera”, se lamentaba esta semana el de nuevo técnico del Alhama en Onda Regional de Murcia, que tiene intención de seguir peleando en los juzgados: “Cuento con unos grandes abogados. Mi cometido es mantener al equipo en Liga F, lo otro es cosa suya”, sentenció.
Randri volvió a los banquillos el fin de semana pasada, en el primer partido del año, con derrota ante el Eibar. Con 9 puntos, el conjunto murciano está a las puertas del descenso y lograr la permanencia será el objetivo principal de uno de los técnicos más cuestionados de la Liga F.
