“Es imposible dar miedo en el teatro, pero como a mí me gustan las películas de terror, lo quiero volver a probar”, declara Sergi Belbel (Terrassa, 1963). El dramaturgo y director teatral se ha propuesto un nuevo reto: dar miedo al público en una sala de teatro, un objetivo casi imposible. ¿Pero en teatro no se puede hacer todo? Todo, se afianza ilusionado Belbel. Con este propósito ha escrito El casalot, que estrena este martes en el teatro Gaudí de Barcelona, y que, a primera vista, contiene todos los elementos de una casa encantada, “pero no hay elementos sobrenaturales”, asegura.
“Hay una película mítica de los años sesenta, ¿Qué fue de Baby Jane? con Bette Davis y Joan Crawford, y parió un poco de aquí, con dos mujeres encerradas en una casa tenebrosa. Es una reflexión sobre el horror en todos los ámbitos, también en las relaciones humanas”, detalla el autor. Pero menciona más referencias: el inquietante (La guarida) o El resplandor hasta títulos más recientes como La cabaña en el bosque oh Hereditario.
“Es imposible dar miedo en el teatro, pero como me gustan las películas de terror, quiero intentarlo”
Para esta empresa cuenta con las actrices Anna Carreño y Gemma Deusedas, que también forman parte del equipo que gestiona el teatro Gaudí, el singular teatro a cuatro bandas. Precisamente esta proximidad con el público es uno de los elementos que más favorecen que los espectadores pasen a formar parte del montaje.
“El miedo auténtico es la muerte –declara Belbel–, pero eso es antitético con el teatro, porque cuando un personaje muere, el espectador sabe que después se levantará para que el acto continúe. Por lo tanto, ya me he quitado eso de querer dar miedo, pero ojalá que lo consigamos. Lo sabremos cuando tengamos público a partir de este martes. Ahora bien, sí hacemos aproximaciones a la intención, a la atmósfera, a la inquietud… Todo eso es lo que estamos trabajando, para tratar de acercarnos al terror psicológico”.
El dramaturgo apunta a otro aspecto, que se interpone en este deseo de dar miedo: “Los accidentes reales en el teatro pueden llegar a entenderse como parte de la función, y pueden provocar que un espectador diga: ‘Ostras, que mal que se ha muerto ese actor’. Aristóteles ya dijo que lo más real no es más creíble. Por lo tanto, a veces lo que es más falso pasa por más verdad que la misma verdad. Entonces, cómo deshaces este nudo gordiano en teatro, que sabes que cuando ¿Suena una música es que alguien la ha puesto?”
“Por eso, yo diría que no es una obra que quiera dar miedo, sino que la obra es un ejercicio sobre el miedo. A partir de aquí, he tirado del imaginario que tenemos, que nace a partir de determinadas películas que están en la base de todo. Son historias que hablan sobre todo de mujeres y del castigo a las mujeres, un tema muy presente en el cine de terror. Mujeres que se odian y que se quieren matar, y después hay estas películas de castigo a las mujeres, con una cabaña en medio del bosque a las doce de la noche ¡Anda ya! Y siempre dirigida por hombres. La Biblia la escribió un hombre, seguro porque eso de que la mujer tenga que ser castigada con dolor cuando dé a luz porque se ha comido una manzana es muy cruel. El casalote También queremos explorar esta violencia contra lo femenino”.
La sinopsis explica que dos mujeres habitan una casa antigua, tétrica y aislada del resto del mundo. “¿Pero quiénes son realmente? ¿Por qué razón, cuando salen y vuelven a entrar en el caserón, cambian de nombre, de personalidad e incluso de recuerdos? En este espacio claustrofóbico, el miedo, la violencia y la irracionalidad se despliegan sin límites. El casalote construye un juego de identidades fragmentadas donde nada es seguro y donde la casa parece tener vida propia”. A partir de mañana sabremos si Belbel ha conseguido su propósito.
