La política exterior no da votos, pero te los quita. ¿A quién? Esa va a ser una de las claves no solo del encuentro sobre seguridad y defensa en la Moncloa entre el presidente del Gobierno, pedro sánchez y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo sino durante todo el 2026 y hasta las próximas elecciones generales, tentativamente hasta el 2027. Hay otra máxima que también contará: todos los presidentes de los EE.UU. han tenido una enorme influencia en el contexto europeo, para bien o para mal. Muchos han creado liderazgos comunitarios que literalmente rimaban con ellos: bill clinton estafa Tony Blair oh Gerhard Schröder y el mismo timbre de sus terceras vías, el propio José María Aznar estafa George Bush hijo, combinando “conservadurismo compasivo” y la guerra de Irak y, cómo no, el autoritarismo de dioses fuertes de Donald Trump estafa Víktor Orbán en Hungría, Roberto Fico en Eslovaquia o Santiago Abascal como peón de Trump en España.
Los presidentes de EE.UU. también han generado en Europa sus propios némesis: en la guerra fría Nikita Jrushchov y John F Kennedy , Leonid Brézhnev contra Gerardo Ford y Jimmy Carter , Yuri Andrópov contra Reagan al igual que el propio Erich Honecker de la entonces Alemania oriental contra Ronald y Bush padre. Ni que decir de los momentos de Carlos de Gaulle frente a Dwight D. Eisenhower del gran Harold Wilson en Reino Unido contra Lyndon B. Johnson sobre la guerra de Vietnam y Olof Palma en Suecia comparando los bombardeos de Richard Nixon en Vietnam con las atrocidades nazis. Palme aquí es precisamente el político de referencia, al que Sánchez siempre más ha admirado.
El ascenso de Vox le da la posibilidad al PSOE de vencer en votos en el 2027, en municipales y generales
Históricamente, como ven, la relación entre Europa y EE.UU. ha oscilado entre la alianza estratégica y la rivalidad profunda. Y en esa tensión, como se vio ayer en la entrevista del presidente en La Vanguardia se esconde una gran oportunidad política para que su reelección tome profundidad y la legislatura gane en densidad: la política internacional y el interior son ya una prioridad uno para los ciudadanos. Sánchez lo hizo bajo un sencillo axioma-pregunta abrazándose a Trump como en un clinch de boxeo: “No quieras para tu país, lo que no quieres para el mundo”. Y con un irónico “soy todos oídos” a las potenciales propuestas de Feijóo. Recuerden: la política exterior es un campo minado. No da votos, tú los pierdes. Fíjense en Vox la semana pasada reconociéndose incompetente para opinar sobre Groenlandia.
¿Cómo será el mundo en el 2027? ¿Quién lo sabe? Los parámetros de este 2026 son tan nuevos que las propias cuitas del Madrid DF. y el propio 2025 ya parece siglo XX. Los propios caucus de la derecha se convocaron bajo las coordenadas del viejo mundo (el voto útil al PP), de la vieja consultoría (al menos, gobiernos autonómicos en minoría), cuando sucederá todo lo contrario: Vox capturará al PP en casi o todos los caucus. Con unas cumbres Sánchez-Feijóo que regresan, con un Vox que ya ha alcanzado los 77 escaños, casi el 21% de los votos y con transferencias netas origen PP de 1.300.000 votos. Con un PSOE-PP en “empate técnico” con 120 escaños, el 28% de los votos y con un Sumar en 11 diputados con el 6,8%. Así es. El ascenso de Vox, como ya adelantó Opina 360, le da la posibilidad a Sánchez de vencer en votos en 2027 tanto en municipales (primera vuelta) como en generales (segunda vuelta), aunque las mayorías sean hoy de PP-Vox.
Para los incrédulos lo mejor es recordarles el dicho: “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Ya han visto no sólo la noche electoral lusa, sino cómo, en las encuestas de las presidenciales, los socialistas acariciaban la presidencia gracias al auge ultra. No minimicen la división de la derecha y el rechazo al autoritarismo. Sánchez, eso sí, tiene sus propios problemas todavía en forma de 500.000 votantes que se le van a PP-Vox y un millón de abstencionistas, además de la enorme división a su izquierda que para hacer una buena tortilla no quiere romper ningún huevo.
Hay otro asunto que será determinante para las generales: Euskadi y Catalunya, que impidieron en los comicios del 23-J –junto a Navarra– que Feijóo fuera presidente por 20.000 votos en cuatro provincias. Ambas votaron no a la OTAN en el referéndum de 1986 como navarros y canarios. Si Euskadi y Catalunya no existieran, el bloque de la derecha habría ganado todas las generales desde 1996. Pero forman parte de España. Y no hay Moncloa sin ellas.
La próxima semana
Primero municipales, luego generales
Solo serán Extremadura y Aragón las que no votarán en autonómicas 2027 a diferencia del 2023. Ahora bien, si le quitamos Castilla y León, Galicia, Catalunya, Euskadi y Andalucía, en esas autonómicas sólo estarán llamados a voto el 38% de los españoles. El resto ya habrá votado antes o lo harán después. Por tanto, el mapa cultural va quedando claro: primero municipales, que serán la primera vuelta técnica y luego generales, la segunda y definitiva batalla. En 2023 las locales ganaron el PP por 800.000 votos, con un Vox en pájara. ¿Pero quién ganaría en votos ahora?
El ojo de halcón
Fecha limite
¿Quién descubre y convoca elecciones? ¿El Presidente o el mecanismo de repetición?¿Cómo combinamos tanto la Constitución como la LOREG sin aprovechar espacios vacíos? La fecha límite para unas generales serán tres semanas antes de la que les planteamos la semana pasada. La nueva fecha en la sala de guerra es el domingo 22 de agosto de 2027. Pero como en Andalucía, por ejemplo, está prohibido convocar en agosto unas autonómicas, descártenla. Tiene pinta de que el último día real será en el mes de julio como hace casi tres años.
