Ser conocido por el nombre de pila es sinónimo de haber llegado a lo más alto en una profesión. Si a ello le sumamos que una tonalidad concreta es rebautizada en su honor entonces es que hablamos de uno de los más grandes de la historia. Es el caso de Valentino, modisto de Roma por excelencia, que alcanzó esa condición de virtuoso de forma temprana, en su debut en pasarela. Su carrera fue un desfile de contribuciones en el armario femenino pero también diseños emblemáticos que han marcado un antes y un después en la historia de la moda. Los primeros titulares que protagonizaron llegaron tras su primera pasarela, en 1962, en el Palacio Pitti de Florencia. Entre los elegantes diseños de alta costura que presentaron aquella noche un vestido palabra de honor teñido de color rojo volteó cabezas y se convirtió en un emblema de la firma.
El modelo –conocido como vestido Fiesta– evidenciaba la necesidad de admitir colores más atrevidos en el armario femenino así como siluetas que lo redefinieran. A partir de ese momento, una versión de ese diseño se incluiría en todas las colecciones del modista y la tonalidad en cuestión se bautizaría como ‘rojo Valentino’. Años más tarde contó que el uso de ese color lo descubrió durante su primer viaje a España al ver a un grupo de mujeres vestidas de terciopelo rojo: “Espléndidas y fieras, muy sensuales y elegantes”, dijo.
Otra de las grandes aportaciones del modista se llevó a cabo en la alfombra roja, pues su forma de comprender la elegancia y su manejo de los tejidos nobles le llevó a ser uno de los grandes reclamos en la antesala de los Oscar y otros premios. Así, confirmarán mención especial el vestido de lentejuelas negro con bordados que llevó a Sofía Loren para recoger la estatuilla dorada en 1991 o el de terciopelo con cola de tul que lució Julia Roberts en 2001. Lejos de Hollywood, sus aportaciones al armario de Diana de Gales –un vestido mini de terciopelo rojo– y al de Jackie Kennedy, que se casó con Aristóteles Onassis con uno de sus diseños nupciales, no soloon su popularidad sino también su capacidad para hilvanar modernidad y tradición en una misma pieza.

