Alrededor del año 2000, el estado de ánimo de Barcelona tendía a la melancolía. La resaca postolímpica marcaba el tono de la conversación mediática, política, económica y cultural. Ningún proyecto parecía estar a la altura de las expectativas generadas una década antes por la propia ciudad olímpica, comenzando por el Fòrum de les Cultures del 2004. Pero el paso del tiempo, que alguna ventaja tiene, ha puesto las cosas en su sitio. Hoy sabemos que, justo en aquellos años del cambio de siglo, se estaban gestando algunas de las iniciativas que han acabado definiendo la ciudad innovadora que es hoy Barcelona. El programa científico Icrea, el Barcelona Super Computing Center, los festivales Sónar y Primavera Sound, la red de bibliotecas o el distrito tecnológico y de conocimiento 22@ hunden sus raíces en aquellos años tan fructíferos (aunque esto último lo hemos sabido después).
Justo en el cambio de siglo se produce también la llegada al 22@ del grupo teatral Focus, que desde su sede de la calle Àvila inició su expansión empresarial e internacional. Hay que recordar que Focus fue una de las primeras empresas culturales que apostó por un distrito que suscitaba por aquel entonces muchas dudas.
Ahora, Focus da un paso más al convertir su edificio de oficinas y almacén en una sede híbrida donde los despachos convivirán con las aulas y con un teatro. De alguna manera, el grupo que preside Daniel Martínez está señalando el camino a seguir en una zona donde puede registrarse un exceso de oficinas, sobre todo en un contexto de creciente teletrabajo. Cuando se trata de hibridar, la cultura tiene un efecto alquímico.
