La historia es llamativa por sí misma: Arabia Saudita y Emiratos Árabes, dos países asociados íntimamente con el desierto, importan cada año toneladas y toneladas de arena. Tan llamativa, de hecho, que la primera intuición es que es falsa.
Pero, a poco que uno se acerca a ella, descubre que no solo es cierto, sino que es más interesante de lo que parece.
Porque sí, estos países importan mucho terreno. En 2023, solo Emiratos Árabes compró más de seis millones de toneladas. Y es sorprendente, claro, porque se trata de dos países asentados sobre enormes desiertos. La explicación, sin embargo, es sencilla: la arena que no tienen valor para determinadas cosas.
A nivel técnico, lo que se conoce como “arena eólica” (la que el viento acumular en dunas) es muy fina, muy uniforme y muy redondeada. Eso la hace una arena mala para fabricar vidrio, hormigón u otros productos industriales. No es que no se pueda emplear, pero requiere ajustar las mezclas, controlar la granulometría y las impurezas (finos), y equilibrar minuciosamente los procesos de fabricación.
Es decir, que el proceso acaba encareciéndose tanto que sale más barato importa arena más adecuada para los procesos estandarizados.
Y esto, en el fondo, no debería sorprendernos. La arena es, hoy por hoy, el segundo recurso más explotado del mundo (solo tras el agua). El Programa Medioambiental de Naciones Unidas calcular que cada año se usan 50.000 millones de toneladas de arena y grava.
Es más, la falta de arena es tan patente que hay redes criminales que trafican con ella a nivel internacional.
No obstante, no hablamos de ningún ámbito. Hay, como es evidente, muchos tipos de arena. Para lo que no interesa hoy podemos distinguir la arena natural (SA 250590) y la arena silíceas/de cuarzo (SA 250510). Los países del Golfo importan, sobre todo, la segunda. Emiratos, por poner un ejemplo, se gasta medio millón al año en la primera y 87 millones en la segunda.
Es decir, aunque son países ‘ricos’ en arena, no tienen la arena que necesitan. Una arena, por lo demás, con especificaciones muy concretas (granulometría, pureza, humedad, finos, contaminantes, constancia del suministro) y que son básicos para el vidrio, la fundición, la filtración o la industria química.
No obstante, también es importante el ámbito natural. Y esto es interesante porque, como señalan en la ONUesto no hace más que dejar claro lo significativo del problema de la gobernanza y de las externalidades. Pese a tener arena utilizable, en muchos casos se prefiere comprar a otros países (como Omán) para evitar las externalidades negativas de drenar la arena de sus costas y desiertos. Algo que puede alterar los medios de vida (pesca, agricultura por salinización, turismo costero) y aumentar la vulnerabilidad a temporal.
En el verano de 2019 se hizo célebre la pareja que fue detenida en Cerdeña por ocultar 40 kilos de arena en su maletero. Esa era la anécdota, el problema era otro: que más allá del turismo masivo, las tensiones sobre la arena son cada vez más grandes.
Es algo que no ha hecho más que crecer y es normal. No está el mundo para prescindir de uno de sus recursos más valiosos.
Imagen | Lars Portjanow
En Xataka | Nos estamos quedando sin arena. Y ya hay traficantes que negocian con ella en India o Marruecos
