Lapatilla
“Probablemente me inclinaría por mantener a Exxon fuera”, dijo el presidente Donald Trump a los periodistas el domingo. “No me gustó su respuesta. Se están haciendo los simpáticos”.
Por NYTimes
Trump, quien ha prometido que las empresas petroleras estadounidenses gastarían 100.000 millones de dólares en Venezuela tras la destitución del presidente Nicolás Maduro, se refería a los comentarios realizados por Darren Woods, director ejecutivo de Exxon Mobil, en un acto celebrado este mes en la Casa Blanca, en los que Woods calificó a Venezuela como “no invertible”.
El intercambio refleja un desacuerdo fundamental entre la industria petrolera estadounidense y el mandatario, uno que no se resolverá fácilmente. Trump quiere que los precios del petróleo sean bajos. Los líderes de las grandes petroleras quieren precios más altos. Él quiere que inviertan mucho. Ellos lo que quieren es economizar la inversión y reducir el riesgo, mientras recompensan a los accionistas con dividendos y recompras de acciones.
Ahora las dos partes están en un callejón sin salida. Trump creará incentivos para que las empresas petroleras inviertan en Venezuela o las castigarán por resistirse. Y las prioridades contrapuestas van a influir en lo que suceda a continuación.
“No vamos a poner agresivamente muchos barriles adicionales en un mercado con exceso de oferta”, dijo Vicki Hollub, directora ejecutiva de Occidental Petroleum, en una llamada de resultados con analistas bursátiles en noviembre, mucho antes de la reunión de la Casa Blanca con los ejecutivos petroleros el 9 de enero.
Mike Wirth, director ejecutivo de Chevron, se jactaba en una llamada de resultados en noviembre de que la empresa se había vuelto buena para eliminar proyectos de inversión marginales. “Estamos acabando antes con las cosas”, dijo.
Parece que los ejecutivos del sector petrolero no solo se resisten al riesgo de que se nacionalicen sus activos, sino que expresan una opinión que se ha convertido en norma en todo el sector: los grandes proyectos nuevos tienen que sobrevivir a un intenso escrutinio.
El petróleo venezolano, conocido como alquitranado, tiene que diluirse para pasar por un oleoducto. Tiene que mejorarse localmente antes incluso de que llegue a una refinería. Es un gasto de millas de millones de dólares.
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