Publicado por: Tiempo21 |
miércoles 21 de enero de 2026 | Publicado a las: 10:20
Lo que debió ser una presentación de gabinete técnico se transformó en un campo de batalla política. El nombramiento de Jaime Campos como futuro ministro de Agricultura de José Antonio Kast no solo se sorprendió por su pasado como secretario de Estado de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, sino que desató una crisis de proporciones en el Partido Radical (PR), colectividad que hoy forma parte del gobierno de Gabriel Boric.
Para la directiva del PR, el movimiento de Campos es visto como una traición orgánica. Leonardo Cubillos, timonel de la colectividad, calificó la incorporación del abogado como una «agresión a la institucionalidad». Según Cubillos, el partido ya definió su rol como oposición al gobierno de Kast, por lo que la decisión de Campos infringe profundamente las obligaciones de militancia. La respuesta institucional será drástica: el Tribunal Supremo del partido iniciará el proceso para su expulsión inmediata.
H3: Una respuesta cargada de ironía y pragmatismo Fiel a su estilo directo e irreverente, Jaime Campos no tardó en contestar a la cúpula de su partido. Tras ser presentado en el gabinete, el futuro ministro minimizó la autoridad de la actual directiva, recordándoles que su militancia data de los 12 años, mucho antes que los actuales dirigentes. “Que me pasen al tribunal, pues”, señaló, añadiendo una estocada final sobre la crisis de firmas que atraviesa el PR: “No sé si un partido en extinción tendrá facultades legales para hacerlo”.
Desde el entorno de los radicales aseguran que intentarán representar su malestar ante el futuro ministro del Interior, Claudio Alvarado, y la secretaria general republicana, Ruth Hurtado, sin éxito. Cubillos lamentó lo que llamó la «arrogancia» de Campos, criticando que alguien que dejó la cartera de Agricultura hace dos décadas regresa ignorando las decisiones colectivas de su partido.
El «caso Campos» simboliza la reconfiguración del mapa político chileno de cara al 11 de marzo. Mientras el Partido Radical lucha por su supervivencia legal y busca mantener la cohesión interna mediante procesos de expulsión, la figura de Campos representa el pragmatismo de una centroizquierda que decide cruzar el rubicón hacia el gobierno de Kast. Más allá de las sanciones estatutarias, lo que queda en evidencia es el fin de la hegemonía de las directivas tradicionales sobre sus cuadros históricos, en un sistema de partidos que parece fragmentarse más rápido de lo que sus reglamentos pueden controlar.
