Una profecía sobre el “fin del mundo en 2026” ha circulado con fuerza en medios y redes sociales desde finales de 2024, con titulares que citan un estudio titulado Día del Juicio Final: viernes 13 de noviembre de 2026 d.C..
La idea de una fecha exacta para el colapso de la humanidad —el viernes 13 de noviembre de 2026— ha captado la atención del público, mezclando ciencia, especulación y alarma social. Sin embargo, un análisis más detallado revela que la interpretación más extrema del estudio no corresponde a lo que realmente plantearon los autores ni al consenso científico actual.
¿Qué es el estudio “Doomsday: Friday, 13 November, AD 2026”?
El origen de esta predicción se remonta a 1960cuando los investigadores Heinz von Foerster, Patricia M. Mora y Lawrence W. Amiot publicaron en la revista Ciencia un artículo con el provocador título Día del Juicio Final: viernes 13 de noviembre de 2026 d.C..
En él, los científicos desarrollaron un modelo matemático del crecimiento de la población mundial que ajustaba datos demográficos históricos con una ecuación hiperbólica. Según ese modelo, si el crecimiento humano continuaba sin freno, la población se aproximaría a un valor “infinito” en 2026, lo que técnicamente representaba una “singularidad demográfica”.
La ecuación se basa en proyecciones de datos poblacionales desde tiempos antiguos hasta mediados del siglo XX, y al proyectar esa tendencia sin modificaciones hacia el futuro sugiere una situación insostenible para fines de 2026.
En términos sencillos, el modelo matemático indicaba que las tasas de crecimiento estudiadas podrían llevar a un punto crítico —lo que algunos interpretaron como un “fin del mundo” demográfico— si no se tomaban en cuenta cambios en las tendencias poblacionales.
Sin embargo, aunque el título del artículo menciona la fecha y sugiere una singularidad, los autores no dijeron que el planeta desaparecería en esa fecha ni que el mundo terminaría tal como se interpreta en titulares sensacionalistas. El original era aplicar un modelo matemático para entender el crecimiento demográfico —no hacer una catástrofe profética— y advertir sobre límites teóricos en el crecimiento humano, no predecir literalmente el fin de la humanidad.
¿Fin del mundo 2026?
Con el paso de las décadas, el modelo de von Foerster ha sido fuertemente criticado y cuestionado por demógrafos y científicos contemporáneos. Una de las principales objeciones es que el crecimiento de la población no ha seguido un patrón hiperbólico eterno, sino que las tasas de natalidad en muchas regiones han comenzado a estabilizarse o incluso disminuirespecialmente en países con altos niveles de desarrollo.
Además, informes recientes de organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proyectan que la población mundial podría alcanzar alrededor de 11 mil 200 millones de personas para 2100lo que está lejos de un crecimiento infinito en 2026 y refleja tendencias más complejas de crecimiento y envejecimiento poblacional.
El propio artículo de Hecho verificado destaca que no hay evidencia científica contemporánea que respalde la idea de un fin del mundo en 2026, y que la atribución de este estudio a la Universidad de Harvard —como a menudo se ha difundido en redes— es incorrecta: los autores trabajaron en la Universidad de Illinoisno en Harvard.
¿Por qué sigue circulando esta teoría?
Aunque la predicción original nunca tuvo carácter profético, el hecho de que la fecha de 2026 se aproxime ha reavivado el interés del público por el tema. Titulares sensacionalistas y malos entendidos sobre la ciencia detrás de la predicción han alimentado la idea de un “día del juicio final”.
Esto ha generado debates sobre sostenibilidad, recursos naturales y las consecuencias del crecimiento demográfico —temas que sí son relevantes para las políticas públicas y el futuro del planeta.
Lo que los científicos contemporáneos sí coinciden en señalar es que la gestión de recursos, el cambio climático, la distribución de la población y el desarrollo sostenible son retos reales y urgentes para la humanidad. Pero asociar estos debates a una fecha específica de “fin del mundo” como la de noviembre de 2026 carece de respaldo científico confiable y no está basado en evidencia actualizada.
