Pedri perdió la verticalidad y aquello fue un drama que duró un minuto. Entró en su lugar Dani Olmo, se echó el partido a la espalda, como se suele decir, y redimió la falta del compañero con un golpe que parecía obra de cuatro: del propio Olmo, naturalmente, del excepcional juvenil que es Fermín, autor de dos goles que parecían diseñados por Kubala, de Lewandowski… y de Pedri, que desde el banquillo consiguió ver cómo el equipo, ahora en manos del más rubio de todos, ganaba un partido que parecía un martirio y terminó siendo una alegría y también un milagro.
Olmo fue, después de Fermín, el gran artífice del juego en la segunda parte; nadie debe escaparse del elogio, porque nadie dejó atrás la obligación de intentarlo.. En la segunda parte, claro, el Barça fue un fortín; pero en la primera fue un equipo amedrentado, destinado sin orden ni concierto a hacer de su pasado un alfeñique.
Parecía como si aún estuviera jugando lo peor de la derrota en Anoeta. Destacaba, es habitual, la vista larga de Pedri, pero Raphinha, por ejemplo, parecía esperar a que pasaran varios partidos para sentirse en forma. Armado de una paciencia que no va con él, el once azulgrana le regaló casi una hora a los contrincantes, que por fortuna se fueron yendo del encuentro como si hubieran recibido un aviso: pierdan, porque no merecen la victoria.
Pero para no merecerla el Barça tenía que hacer méritos. El más meritorio del primer tiempo fue Pedri; el que lo sustituyó, este Olmo que parecía otro y además ubicuo, generó tal capacidad de juego que no hubo un solo balón que él tocara que no tuviera el marchamo de la alegría de jugar de cada uno de los futbolistas que han estado en el Barça y han merecido el título de genios.
Ha sido, me parece, el partido de varias consagraciones, entre otras, la de los jugadores de toda la segunda parte, con Olmo al frente; Además, el entusiasmo casi inédito de Lewandowski, que parecía regresado de la escuela; y la capacidad de todos para entender que un partido de fútbol es también la esencia del entusiasmo del que te mira de fuera.Y me parece a mí que esa sensación de tener a Pedri mirándolos tuvo que generar un entusiasmo que no se compara con nada.
Terminó el partido y sentí que al fin el Barça de Anoeta fue capaz de decir que este de la segunda parte también fue aquel de su mala suerte. Pero esta vez estaba el entusiasmo a la altura de la esperanza.
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