El partido termino y los leones de Santa Fé se peinaron la melena, se relamieron satisfechos de gusto y se acomodaron la corona. Se miraron a los ojos entre ellos, les brillaban, eran miradas desafiantes, encendidas, como si antes de celebrar que acababan de ganar la Superliga contra Junior, al vencerlo y devorarlo 3-0 en El Campín de Bogotá, quisieran lanzar una advertencia: que ya esperan por nuevos rivales.
Esos leones parecían recién liberados: a los 5 minutos fueron en manada sobre Ríos, lo intimidaron, le rugieron, lo desarmaron con las mandíbulas sobre las piernas, fue Ewil Murillo el que lo asaltó, y ya con la pelota en su poder Santa Fe armó el ataque depredador: Hugo Rodallega Pudo encarar, ir de frente, patear, pero él, que todo lo presente, decidió hacer un pase atrás, gran engaño, la defensa de Junior, que se exigía por bloquearlo, no entendió qué pasaba, no se dio cuenta de que ya eran cuatro leones los que caían al ataque. Yilmar Velásquez vio entrar en el área a Murillo, libre como si no hubiera rival al frente, ¡y fue él, él, él!, mientras el público se infartaba, el que definió por encima del portero, con una mezcla de corazón y lujo, y fue el 1-0.
Santa Fe vs. Junior. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
Un terrible rugido de gol penetró en los oídos de todos los jugadores del Junior, que era un tiburón helado, herido, un tiburón que no sabía en qué yeguas se había metido. La pelota en fuego les quemaba de pies a aletas. Otro error en salida permitió que Rodallega inventara una volea que puso a temblar al portero Silveira, a toda la defensa ya todo el pueblo costeño.
Santa Fe, el que ahora tiene el sello de Pablo Repettono tenía piedad: adelantó a sus guerreros como si quisieran arrinconar al rival y aplastarlo contra la tribuna sur. Ese frenesí fue pasando. Junior, que aún no había sacado la bandera blanca, agradeció que Santa Fe bajara el ritmo. Con un segundo aire, Junior fue en defensa de su honor. En 25 minutos logró demostrar que estaba vivo. Lanzó sus remates violentos, de Suárez y Herrera, uno tras otro, pero ambos fueron contenidos por las manos milagrosas de Marmolejo.
Santa Fe vs. Junior. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
Un demoledor de Santa Fe
En ese toma y dame Santa Fe respondió, como el boxeador que espera, danza, esquiva y luego impacta. Palacios, un Palacios de tres pulmones, atacó y lanzó el derechazo, y Silveira tuvo que acostarse, como si se zambullera en el área, para desviar la pelota. Santa Fe atrás era una muralla enorme y sólida, custodiada por cuatro, cinco y hasta seis centinelas ordenadas y furiosas. Y arriba, era otra cosa, un ataque voraz. Allí estaba Rodallega merodeando con el gol, olfateándolo, pensando en él: gol, gol, gol. Lo queria gritar.
Hugo Rodallega, goleador de Santa Fe. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
El primer tiempo se acababa, Junior clamaba por agua o por el pitazo. Pero faltaba un tiro libre de costado, desde el lado oriental sur. Allí Rodallega acomodó la pelota, sintió su textura y se paró frente a ella como si fuera a dar un discurso, todos los hinchas lo querían ver y escuchar y aplaudir. Hugo miró la barrera como midiendo el tamaño de su inocencia, y pateó con su furia, la pelota pasó como una bala, contra el palo ya la roja. Fue un gol tan golazo que resultó abusivo con el arquero: 2-0. Ahora sí, Junior clamaba piedad, por lo menos tomar un respiro. “Te doy 15 minutos”, le advirtió al León que se fue a tener su merecido descanso.
Santa Fe vs. Junior. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
Junior tenía un as bajo la manga. A la cancha fue Luis Fernando Muriel. Pero fue Canchimbo el que lanzó un buen remate, solo para comprobar que Marmolejo seguía inspirado. Lo de Junior era ir al todo o nada, arriesgar y rezar para que no le metieran el tercero. Pero Santa Fe seguía con hambre. El partido pudo terminar cuando Frasica anotó el tercero, pero un fuera de lugar –por alguna uña larga de Hugo– le dio una nueva vida al Junior, un Junior que no tenía alientos ni para secarse el sudor, solo querían que el vuelo de vuelta a Barranquilla los recogiera ahí mismo en la cancha para que los sacara del infierno. Pero su drama no había terminado, en tiempo de descuento. Nahuel Bustosuno de los nuevos de la manada, escrito el tercero.
En Santa Fe estaba tan seguro de su victoria que hubieran podido gritarle al árbitro que si quería diera otro minuto más. Cuando al fin acabó el partido, los leones, con la corona en la cabeza, aún tenían fuerzas para celebrar, pero se mantuvieron firmes, con la mirada desafiante, como anunciando que están listos para nuevas batallas.
PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET
