Leonardo Padura es un escritor cubano con una larga y reconocida trayectoria. Galardonado con importantes premios y traducido a 20 idiomas, Padura ha soportado un incómodo exilio interiorsiempre bajo la permanente sospecha de ser un traidor al castrismoque finalmente ja … optado por ignorarle. No deja de resultar una paradoja que sus libros no puedan ser leídos en su país natal.
Cualquiera que conozca la obra de este autor, nacido en La Habana en 1955, comprenderá por qué sus trabajos no gozan del favor del régimen. padura retrata la pobrezala miseria moral y la falta de libertad de Cuba, en contradicción con el discurso oficial dominante.
Esta visión crítica de la sociedad cubana impregna sus nueve novelas de la serie de mario condeun teniente de la policía que se esfuerza en combatir la corrupción y el crimen, a veces con la incomprensión de sus jefes y casi siempre con el riesgo de toparse con intereses que amenazan sus investigaciones. ‘Vientos de cuaresma’, publicada en 2001 por Tusquets Editores, es la segunda entrega protagonizada por Conde, un hombre desesperanzado y escéptico que intenta sobrevivir en un mundo cuyas reglas no comparte.
La trama comienza cuando una joven y atractiva profesora de química, hija de una ideóloga del castrismo, es encontrada muerta en su casa. La investigación del asesinato se le encomienda a Mario Conde, que descubre restos de marihuana en el domicilio de la víctima, que, pese a su inmaculada reputación, lleva una doble vida. Al mismo tiempo, el policía entabla una relación con Karina, una misteriosa mujer que le quita el aliento, aficionada al jazz y que esconde un pasado que le desconcierta.
Conde sabe desde el primer momento que se mueve por arenas movidas porque sus indagaciones topan con el lado más turbio de un régimen en el que emergen el tráfico de drogas, una red de influencias y el fraude amparado desde el poder. Su investigación se topa con la cara oculta de La Habana, una ciudad en la que los privilegios de los dirigentes contrastan con una miseria lacerante.
Calificado por ‘The Guardian’ como el
David Hammett
cubano, Padura retrata el desaliento y la crisis moral de sus compatriotas
Padura, calificado por ‘The Guardian’ como el Dashiell Hammett cubano, retrata el desaliento y la crisis moral de sus compatriotas a través de las conversaciones con ‘El Flaco’, su viejo compañero en silla de ruedas por una bala recibida en la guerra colonial de Angola, y otros amigos de la adolescencia con los que comparte un pasado común y la frustración de los sueños rotos.
‘Vientos de Cuaresma’ encaja en el molde clásico de la novela negra con una trama en la que nada es como parece y los sospechosos tienen mucho que ocultar. Al igual que los grandes maestros del género, Padura aprovecha sus libros para denunciar el fariseísmo de un régimen corrupto, aunque evita las menciones expresas a la cúpula castrista. Un precario equilibrio para poder seguir callejeando en el barrio donde nació, alternar con los mismos amigos y respirar el clima de una ciudad en la que la que se sobrevive detrás de un muro de hipocresia.
Conocí a Padura ya su esposa en 2014 en una de sus visitas a España. Nos explicamos en una cena en un restaurante cerca de El Retiro que los ingresos generados por sus libros y sus colaboraciones periodísticas fuera de Cuba le permitían vivir de forma confortable, aunque sin lujos. Había comprado algunas medicinas para sus amigos y un par de neumáticos para su coche. Dejó muy claro que, pese a los riesgos, él nunca abandonaría su isla natal.
‘Álter ego’
No hay duda de que Mario Conde es un ‘alter ego’ de Padura. Los dos se se sienten asfixiados por la falta de libertad y la arbitrariedad de las autoridades, pero son a la vez conscientes de que sólo en las miserables y sucias calles de La Habana y no en un dorado exilio pueden encontrar un sentido a su vida.
«El mar, como el enigma de la muerte o los desafueros del destino, siempre provocaba una fascinación magnética en el espíritu de Mario Conde. Aquel azul inmensooscuro, insondable le atraía de un modo enfermizo y amable a un tiempo, como una mujer peligrosa de la que no se quiere escapar», escribe Padura. Conde acabará siendo la víctima de su trabajo, de sus amores imposibles y su adicción al alcohol como desahogo de sus frustraciones. Pero es perfectamente consciente de que su salvación está en los propios varones que le agobian y en las amistades que alimentan su desesperanza.
Las novelas de Padura acaban por convertirse en dramas shakesperianos en los que sus personajes se plantean conflictos de lealtades. Conde elige el bando de los perdedores y renuncia a un futuro halagüeño porque no puede evitar ser como es. A su creador le sucede lo mismo.
