La periodista Agnès Marquès (Barcelona, 1979) ha ganado el 46.º premio Ramon Llull, dotado con 60.000 euros, con La segunda vida de Ginebra Vernsu segunda novela. Según el jurado, formado por Carles Casajuana, Pere Gimferrer, Isona Passola, Estel Solé –ganadora el año pasado con Aquest tros de vida–, Gerard Quintana, Carme Riera y Emili Rosales, la obra ganadora es “una novela poderosa sobre los límites entre los secretos y la verdad, la necesidad de construir relatos para sobrevivir y la fuerza de los vínculos que llamamos amor”. El galardón se entregará el 24 de febrero y el libro llegará a las librerías al día siguiente, publicado por Columna (Destino en castellano, y también está previsto su publicación en portugués).
La ganadora ha contado que la novela nació de un hecho real: en marzo del 2014, el diario local de Hemphill, en Texas, publicó un anuncio en que una mujer felicitaba a su marido y la amante de este por el hijo que esperan, noticia que se volvió viral en todo el mundo, y la mujer que puso el anuncio se convirtió en un símbolo de la mujer que toma las riendas de su vida. En la novela le encargan a Ginebra Vern, una periodista en horas bajas que trabaja en un periódico en reconversión, que escribe un artículo viral sobre el tema, y, asegura, Marquès, “la remueve hasta un punto extremo al plantearse por qué la vida de tres personas a millas de quilómetros le puede interesar a alguien de aquí, hasta el punto que decide viajar a la fuente de la noticia para conocerlos, un viaje físico pero también emocional que la transforma y le obliga a replantearse su manera del mirar mundo y su vida”.
Para la periodista y escritora, el tema del libro es “la distancia insalvable entre los hechos y el relato. El relato que hacemos de nuestras propias vidas hasta que se ajusta a algo que podamos soportar”. El periodismo, en este caso, “es un lugar de conflicto ideal para plantear un dilema que nos interpela a todos, pues todos nos narramos la vida: ¿qué decisiones tomamos sobre la vida de los demás?” El libro reivindica “el derecho de los protagonistas a la opacidad, a ser contradictorias y cuestionables, con el amor como campo de pruebas morales, tienen derecho a tomar decisiones que no tienen por qué estar justificadas, pues a menudo es en la mujer donde nuestra cultura proyecta la moral”. “Como narradores literarios o periodísticos, tenemos una responsabilidad, pues vivimos en una cultura que plantea que contarlo todo es ser honesto, pero tal vez no siempre es así”, asegura Marquès, para quien la obra no es una crítica, sino un “mapa de riesgos del periodismo. ¿Qué hacemos con la vida de los demás cuando la tenemos en nuestras manos? Tenemos un poder, y tengo la sensación de que cada vez los tratamos peor, tenemos menos empatía y menos filtros, nos llega algo y lo transmitimos, ya mí el rumor es algo que siempre me ha incomodado, porque me gustan las certezas, las cosas comprobadas”.
Para Casajuana, además, el núcleo del libro es “hasta qué punto es legítimo guardar un secreto”, y uno de sus grandes méritos es que “el lector va avanzando en la novela hasta que se ve obligado a repensar lo que ha leído antes”, una obra que según Quintana “tiene una mirada sobre la realidad en que no polarizamos entre buenos y malos, y además permite fundamentar tu vida y la de tu entorno en un engaño legítimo”.

