O hay un público que está pidiendo a Macri, o Mauricio sondea si hay público para más Macri. Desatada la carrera para el 2027, algunas percepciones comienzan a ordenar el tablero y lo despegan de las fantasías proselitistas.
La encuesta de D’Alessio-Berensztein de diciembre pasado —que adelantó Eduardo Paladini en este diario— arroja una conclusión que interpela a los protagonistas. La imagen positiva de Javier Milei, pese al triunfo electoral del 26 de octubre, subió un punto y arroja un balance, entre positiva y negativa, de 42% a 54% (saldo negativo, – 12%).
La imagen de Mauricio Macri, dador de gobernabilidad al gobierno mileísta desde antes de las elecciones de 2023, ha seguido creciendo. pese a la fumigación que redujo el bloque del PRO en las dos cámaras del Congreso y se ubicó casi con los mismos números que Milei: 41% a 53%, y con el mismo balance negativo del presidente: -12% de imagen positiva/negativa (Humor Social y Político Nacional, Diciembre 2025, Berensztein – D’Alessio – Irol).
Interesa esta tensión porque Milei ya ha mandado a decir que quiere reelegir en la presidencia. Macri ha dicho que no quiere saber nada con una postulación. Sostiene que el PRO y sus aliados van a presentar una opción presidencial para el año 2027.
Quienes conversan de esto con él filtran que entienden que el PRO necesita un despliegue territorial, que debe buscar aliados para integrar un frente y que la figura del candidato vendrá de las entrañas de la sociedad como un outsider ajeno a la política profesional.
Socios odiosos
Los números de esa encuesta despiertan escenarios inquietantes. Milei y Macri no han resuelto confrontar como opositores. En momentos de crisis se han defendido juntos. Pero Milei no pierde ninguna oportunidad de destratarlo a Mauricio. Ha tendido, además, un cerco sanitario en torno a los dirigentes del PRO más cercanos a Mauricio.
Macri tiene un doble estándar en torno al gobierno. Cree que el rumbo del gobierno es el adecuado pero que la gestión es incompetente. Querría que algunos de sus hombres asumiesen tareas de gobierno y que el presidente le reconociese algún patronazgo, según el modelo de José María Aznar sobre el Partido Popular de España, su mentor desde que comenzó en política.
El último deseo de Milei fue no invitarlo, aunque fuera protocolarmente, la firma del acuerdo Mercosur-UE en Asunción, pacto que tuvo en el gobierno de Juntos por el Cambio un envión decisivo. Se perdió una oportunidad gratis de halagar a quien financió su campaña para el ballotage.
Otro agravio, más de fondo, fue atribuirle, a través de voceros y funcionarios, que Macri era el responsable de que se cayera la primera licitación de la concesión de la Hidrovía, uno de los proyectos de obras públicas más grandes de la Argentina y de la región.
No está probado que Macri hiciera nada para que esa licitación fracasase, pero que Milei dé a entender que Macri le puso un palo en la rueda revela, por lo menos, la voluntad de poner distancia.
El peronismo se ilusiona
Esta contradicción sobre si Milei y Macri integran el oficialismo, o si Macri está resuelto a protagonizar algún formato opositor, decide mucho del juego de 2027.. La mejor carta del peronismo es que el no peronismo se divide y que esa fragmentación aumenta sus posibilidades de ganar las elecciones..
El peronismo ha mantenido la unidad pese a que camina por la cornisa de la pelea entre el cristinismo y el axelismo bonaerense. Se trata del peronismo del distrito más grande de la Argentina: el 37% del electorado.
Este peronismo se ha fragmentado en las elecciones nacionales de 2023 y en 2025. La desmovilización del peronismo del interior le hizo perder las generales, pero la marca PJ no se ha dividido formalmente.
Un intruso al tope del ranking
El perfil que asuma Macri en el mes de marzo, para cuando piense reunir una cumbre nacional del PRO, resolverá estas dudas. En el ranking de imagen de esta encuesta Macri figura en el cuarto lugar, detrás de Patricia Bullrich, Milei y Diego Santilli.
En esa escalada Axel Kicillof ocupa el 8° puesto, arriba de Juan Grabois y los dos por encima de Cristina de Kirchner.
El público que responde a la encuesta pone a Macri como el primer no oficialista en una lista encabezada por oficialistas indudables. El otro dato es cualitativo: el público responde sin identificar a Macri como oficialista u opositor.
Si la percepción como opositor es honrada por Macri con una decisión de militar contra el gobierno, pone en peligro la suerte del gobierno del no peronismo. No tiene ni tendrá nunca nada que ver con el pejotismo que presenta el peronismo del AMBA.
Pero si puede alimentar una opción de centro alternativa al gobierno, que hasta ahora se ha alimentado del voto que fue de Cambiemos. Ese centro puede anclar adhesiones en sectores del peronismo no cristinista, como el que representa Miguel Pichetto. En 2019 fue su candidato a vicepresidente en la fórmula para la reelección.
El otro peronismo
Hoy Pichetto construye alguna opción, sin hablar de candidaturas, con referentes en varios distritos del país. En el Congreso su partido Encuentro Republicano integra el interbloque Provincias Unidas con sectores del radicalismo y provinciales. Es un rol de compromiso que intenta asegurar posiciones dentro de las comisiones..
Pero esa marca tiene la misma dualidad que expresa Macri. En la encuesta los consultados que se identifican como adherentes a Provincias Unidas son quienes exhiben mayor división interna, con un 35% a favor de la gestión del gobierno actual, y un 61% que la considera mala o muy mala.
Como le ocurre a Milei con Macri ya La Libertad Avanza con el PRO y sectores del radicalismo, son figuras y marcas que comparten el mismo electorado.
Primer ensayo transversal
Ese centro actuó con eficacia en la anterior legislatura, que tuvo en el bloque Encuentro una referencia que actuó como bisagra en las votaciones más importantes. Pichetto fue en Diputados el eje, con el mismo rol que tuvo Juan Carlos Romero en el Senado.
La fragmentación de bloques que surgió de las últimas elecciones castigó a ese proyecto que comienza de poco a reconstituirse.. Si alguien quiere una muestra, la encontrará en el proyecto que lanzó esta semana un arco multipartidario de diputados para crear un sistema de auxiliares a los sectores endeudados de ingresos bajos.
El proyecto de desendeudamiento familiar echa mano de fondos de la Anses para auxiliar a las familias endeudadas para asistir a gastos básicos como la alimentación.
El proyecto recoge, según sus autores, la experiencia de los gobiernos de los EE.UU. y de España para aliviar los efectos de las altas tasas bancarias sobre sectores populares. Lo firman Miguel Pichetto y Nicolás Massot, de Encuentro, Guillermo Michel y Victoria Tolosa Paz de UP, junto a otras firmas como la de Natalia de la Sota, peronista independiente, y otros legisladores a quienes los identifican una mirada de asistencia social.
La presentación de este proyecto es lo más importante que ha ocurrido en este adormecido enero, que no se ha conmovido en materia política ni con los pininos que ensaya el oficialismo para mover el proyecto de reforma laboral.
Milei aún debe construir su mayoría
La dualidad de Macri frente al mileísmo es otra encerrona. Si alza una opción presidencial alternativa a la que puede presentar LLA en 2027, los votos se los tiene que sacar al gobierno: más bien recuperar los votos que Cambiemos le cedió.
No es fácil imaginar que vuelvan, salvo un colapso de la gestión que hoy nadie vaticina. Un protagonismo electoral de Macri o de un candidato macrista obligará al gobierno a buscar retener a los electorales que fueron de Cambiemos, pero que lo respaldaron en el balotaje y en 2025.
Puesto en batalla el mileísmo no supera el 30% de la primera vuelta de 2023. Es lo que sacó Manuel Adorni, vocero de Milei, en el distrito de Milei. Con un centro potente que propone una alternativa en 2027, tiene que construir una mayoría propia que no tiene. Deberá demostrar que la narrativa de un gobierno esclarecido poderoso es algo más que propaganda.
Su estilo confrontativo es una herramienta poco útil para sumar adherencias. Basta mirar la lista de estatutos profesionales que quiere derogar el proyecto de reforma laboral para imaginar con cuántos gremios se peleará el gobierno: periodistas, viajeros de comercio, farándulas (cine, medios, etc., teletrabajadores, choferes, trabajos en servicios de telecomunicaciones).
Encima la inserción internacional del Milei tampoco es un imán para sumar votos. Los países huyen de las guerras, pero Milei parece querer traer todas las guerras a la Argentina. No se pierde oportunidad de medir al país en conflictos en los que puede ser testigo, pero no protagonista; es decir victima.
Mirada esta tensión con serenidad, es plausible imaginar que el destino de Macri y Milei, si quieren salvar la ropa, es que vuelvan a ser socios en 2027. Habrá que ver si les basta para ganarle al peronismo, que tampoco las tiene mejores que el no peronismo.
La suma que no suma
Otra encuesta de la marca D’Alessio-Berensztein, también de diciembre pasado, preguntó sobre las preferencias partidarias de los consultados. Los electores PRO + UCR + PU llegan a 30 puntos, por encima de UP (26%) y LLA (18%) (“Indicadores de Preferencias Políticas – Diciembre 2025”).
Pero como PRO, UCR y PU no muestran candidatos que los representen, LLA caranchea votos en ese electorado. Antes de 2015, el PRO hacía lo mismo: carancheaba votos en el electorado independiente, la UCR, la Coalición, etc. Pero no le alcanzaba para ganar, como ahora el carancheo no le alcanza tampoco a LLA, castigada en 2025 por la abstención.
Solo cuando el PRO hizo la alianza, pudo ganar. Estos alineamientos son inspiradores, aunque fantásticos. Pero la política no se mueve según la regla de. Ni por la aritmética. Quizás por la geometría no euclidiana, que desafía las superficies planas y especula sobre las curvas.
La seguridad, un problema político
Otro cuadro que estos sondeos aportan es la percepción de los 1.000 consultados online sobre cuál es el principal problema de la Argentina. Afirma la mayoría que es la inseguridad. Una certeza sólo explicable por el peso de los medios militantes, porque la Argentina es el país más seguro de la región.
Pese a lo que dicen los números, los sectores medios, como en otros países del mundo, tienen en la inseguridad su principal demanda. Es la razón de que la marca de mejor imagen la tiene hoy, en la misma encuesta, Patricia Bullrich, que ya tuvo esos números cuando ocupó el cargo con Macri entre 2015 y 2019.
Ya entonces había heredado una situación de seguridad que ponía a la Argentina entre los países más seguros de la región, aunque no ocupaba el primer lugar como se presume hoy. Este resultado es halagador para el ego de Patricia, pero es un problema para el gobierno.
Si el público exige más seguridad cuando ya la tiene, no es fácil disipar el malestar con algún producto mejor que la seguridad, que el país ya tiene. El reflejo de derechoso ha sido promover reformas penales con endurecimiento de los castigos, como hizo el gobierno peronista en 2004 con el caso Blumberg.
La crisis Blumberg puso a Néstor Kirchner al borde de la renuncia después de la manifestación del 1° de abril de 2004. Un gesto reflejo llevó a reemplazar a Gustavo Béliz, ministro de Justicia y Seguridad, por Alberto Iribarne, que venía de ser el viceministro de Carlos Corach en el gobierno de Menem.
La opinión de los expertos es que el endurecimiento de penas no trae más seguridad. El gobierno igual ha puesto en la agenda de sus urgencias el tratamiento de un código penal más riguroso, con mano dura y gatillo fácil. No parece que ni aún con eso satisfaga la angustia de la burguesía urbana que ve inseguridad, aunque en los números no tenga la verificación.
