La belleza de la literatura española. se encapsula en una reedición como esta que nos propone El paseo: Con la noche a cuestas de Manuel Ferrán. En estos tiempos de premios Planeta y de acumulación de me gustas en redes, de consumo y de olvido, recordar el ganador de 1968, tomar entre las manos un volumen donde se contiene la noche y la muerte, la soledad y la vida, España entera en unas páginas, es un ejercicio emocionante. El prólogo de Fran G. Matute (que hemos tenido en Motel Margot primero con Esta vez venimos a golpear, editado por Sílex) y también por un nutritivo ensayo sobre la vida del gran Quico Rivas -muy presentado estas semanas en el Motel Margot, vía Gabinete Caligari-, no es casualidad ni es baladí. Fran G. Matute ha escrito sobre la Sevilla contracultural del periodo de 1965-1968el amago de la llamada dictablanda, en una España de sur, turismo y primer desarrollismo. Esa noche, la que empiezan a disfrutar los hombres de las praderas y las muchachas de minifalda es, a la vez, protagonista y escenario de este libro.
Manuel Ferrán construye un friso narrativo concentrado en tres personajes y medio. El vigilante de una obraemigrado del pueblo, ansioso en la afonía de la torpeza y la soledad, un gallego, extraño pícaro, paracaidista en la capital andaluza, como sereno de una zona de la ciudad donde se confunden campos con alquitrán. Y un portero, portero de portería, librepensador, practicante de un extrañismo social, entre el corre, ve y dile y una especie de amago de teología de la liberación (sin pasarse, pero ahí, ahí, doctrina social). Y una muchacha, atrofiada entre sus carnes y su juventudque se irá filtrando en la historia, desde los pasillos de la pensión donde se queda el protagonista durante el día, hasta el final, oscuro y abisal.
Partiendo de una situación puntual, un detonante, donde reluce la miseria y la distancia social, los personajes cabalgan la noche para dormir el día, como en una semana eterna, donde se mezclan los transistores de copla y flamenco, el goteo de las horas en una madrugada que parece repetirse, asfixiada de luna, los americanos de las bases.los noctámbulos que amagan la bohemia, las parejas encendidas, alguna luz prohibida en los primeros garitos (reflejo de esa revuelta subterránea y psicodélica que tan bien ha documentado Fran G. Matute)… pensiones que recuerdan a las de cebolla y leche tibia donde resonaban las primeras teclas de Francisco Umbral (recién llegado de Valladolid) o, todavía más, las que servían de escenario para obras mayúsculas como Los enanos Delaware Concha Alós (que, por cierto, había obtenido el premio Planeta en 1962). Tirso, fiebre y caldo, café y algún pitillo, contempla y dormita, en una vida que es un duermevelarecordando su huerta, su esposa, sus hijos.
Con el fracaso tatuadobusca un lugar definitivo donde instalar su alma desplazada. En la búsqueda de su compañero, el sereno, pasando factura a la madrugada, cuando el tiempo se detiene, algo de coñac, que duda entre el empleo fijo de vigilante en unos grandes almacenes o seguir con esa extraña sensación de libertad que le ofrece la oscuridad sevillana. Chicos de pelos largos, que parecen chicas, que se las llevan de calle, pisos francos.luces que se encienden y se apagan por manos invisibles, el Luis Goytisolo de “Las afueras”, unos billetes, una cartera: ¿recuerdan “un millón en la basura” de José María Forquécon José Luis López Vázquezdel año 1967?
Qué España, de quioscos de a duro, de novelitas y café con leche, de flamenco, fútbol y toros, qué narrativa, qué gris se ve la luz, cautiva en esta vida donde solo hay presente.
He disfrutado leyendo este libro. Un premio Planeta. Entretiene, pero también te transporta. Para un lector abotargado por el postmodernismo y lo digital, recuperar estampas, encontrarse con las horas frías que no conocen pantalla ni esperanza, con un fondo de noche, cruda, eterna, inacabada, es un viaje, una sensación a la que cualquier lector (y, ojo, escritor) debería acercarse. El temblor y la pena, la calle cubierta de rocío, rocío que hiela, escarcha en el pelo y una copla. O varias. Enhorabuena a El paseo por esta apuesta acertada.
