Mbappé sigue a lo suyo, que es marcar goles, y el Real Madrid ha encontrado el carril de la Liga. Derrotó al Villarreal en un partido de mucha tralla, resuelto en el área por el delantero francés, pero bien trabajado por el equipo, sin fisuras defensivas y perfectamente dirigido por Arda Güler. Ha tardado dos semanas en quitarse la etiqueta de protegido de Xabi Alonso. A su alrededor, el Madrid ofrecía todas las señales de su reconversión. Ha dejado atrás las miserias que le consumían.
El partido tuvo una excelente factura, ritmo trepidante y pocas oportunidades de gol. No es una contradicción. Las defensas se aplicaron como si les fuera la vida en cada jugada, algo novedoso en el Real Madrid y no tanto en el Villarreal, que llegaba de dos derrotas –la que sufrió contra el Betis más debilitante que su resbalón con el Ajax en la Champions–, pero todavía conserva un residuo de esperanza en el campeonato español.
Arda Güler ha tardado solo dos semanas en quitarse la etiqueta de protegido de Xabi Alonso
Puede que el caso Leicester City se reproduzca algún día en la Liga, aunque la posibilidad tiende decididamente a cero.
El Madrid informó de su nueva vitalidad, despejados los problemas autoinfligidos en los dos últimos meses. El cacharrazo en Albacete ha acabado en el cajón del olvido. Dos victorias –Levante y Mónaco– han sido suficientes para establecer un clima más sano y optimista. Ayudó aún más la derrota del Barça en Anoeta.
Vinícius trata de superar la oposición de Pau Navarro
Casi sin sospecharlo, el Madrid se colocó en una situación de empate técnico con el líder. Con el viento de cola, se juega mejor y la gente se compromete en las tareas que tanto molestaban antes.
Como es habitual, marcó a Mbappé y el gol desequilibró el partido. Primera jugada del segundo tiempo, cuatro actores, tres del Madrid y uno del Villarreal. Arda Güler, destacadísimo toda la noche, trazó tan perfecto que se le escapó al realizador de televisión. Cuando reapareció la pelota, estaba en los pies de Vinícius, junto al rincón. Progresó por la línea de fondo, encontró poca oposición en la defensa local y pasó atrás.
Pape Gueye, que había sido tan importante en el Villarreal como lo estaba siendo Güler en el Real Madrid, se enredó y entregó el balón a Mbappé. Mala idea. El astro francés resolvió sin dudar.
El Villarreal es demasiado buen equipo como para flaquear en esas situaciones, pero vivió todo el segundo tiempo en remolque, un poco ansioso. Gerard Moreno, una maravilla de jugador acosado por las lesiones, perdió dos oportunidades inmejorables, de las pocas que concedió un partido de desgaste y pierna fuerte.
La eficaz respuesta defensiva del Madrid explicó su novedosa salud. Frágil por naturaleza en este capítulo, nunca será el Milan de Arrigo Sacchi, pero donde no llega con el rigor táctico, suele bastar con la aplicación de los jugadores.
Fuera de las dos ocasiones de Gerard Moreno, el Villarreal no encontró la manera de hincar el diente en el sistema defensivo de su rival. Hasta Huijsen, un despistado de la vida durante toda la temporada, se comportó con solidez.
Courtois, frecuente productor de milagros para el Madrid, fue un pasajero del partido en esta ocasión. Miró el paisaje y nunca fue exigido.
