Muchos lectores deben haber pensado a menudo que muchos de los artículos que publica Julià Guillamon (Barcelona, 1962) son pequeños cuentos. Pues tienen razón, y la prueba es este nuevo. Rascaparets (en castellano, Cerillas Garibaldiambos en Galaxia Gutenberg), que reúne una setentena de relatos breves que antes aparecieron en estas páginas, convenientemente trabajados y reescritos, claro.
“Desde el primer momento los pensé como un libro, porque estaba megacansado de hacer autobiografía y tenía ganas de hacer otras cosas. Los conceptos básicos del libro son la brevedad, el humor y las ganas de mirar hacia fuera más que hacia dentro, porque entre todos nos hemos pasado de rosca, de tanto explicar nuestra vida”, explica el escritor desde el parque de la Pegaso, donde hay un pulpo gigante que liga mucho con el espíritu lúdico que impregna los relatos.
“A mí me gusta reír. No sé si soy una persona incoherente o es que me he ido volviendo humorista. Una vez leí un artículo de Pla que hablaba de sí mismo como escritor humorista… Yo también soy un escritor humorista, y supongo que eso viene de tener a Monzó como maestro”.
A partir de la idea con que titula el libro, como en Catalunya se llamaban las cerillas Garibaldi, Guillamon toca temas variados en que también aflora la crítica social. Como un pulpo, lo toca todo, ya sea la reduflación, la inteligencia artificial, el cambio climático, los ultradeportes, los megaconciertos de moda o los cambios en la manera de vestir. “Me gusta ir mirando a la gente, tengo un punto sociológico”, dice. Hasta incluye una especie de falso autorretrato: “Se empezaba a hablar en serio de la IA y te decían que sirve para conectar tal con qual… ¿Es lo que hemos hecho muchos toda la vida, no? Eras como el rarito, porque chupabas información de todas partes y había gente que hasta se reía de ti, pero nosotros ya éramos robots, ya éramos inteligencias artificiales, de algún modo. Son situaciones de inversión de valores, para crear una situación paradójica”.
“Hay alguna venganza, porque vas aguantando y eres buen tío, hasta que te cansas de que te tomen el pelo”
Escribe de maneras muy diferentes, pero aquí la inspiración que le guía es la prosa de Salvador Espriu: “En los años treinta hacía este tipo de cuentos, y es muy buen cuentista. Me gusta mucho el formato, coger un elemento de la actualidad más o menos exótico y desarrollarlo literariamente, incluso con personajes que comentan la jugada, que si el urogallo o un cuadro que han restaurado. Si en les cuques (Anagrama, 2020) Seguía mucho a Sagarra y en Las horas nuevas (Anagrama, 2022) era Pla, aquí pensé hacer algo más de Espriu”. “El formado es un poco aquí te pillo aquí te mato, y en eso el periodismo es un aprendizaje muy bueno, porque tienes que empezar con algo que enganche la gente. La gracia es, ¡pum!, que vaya todo muy rápido y no te pierdas al lector por el camino. Además, el texto corto es muy de nuestro tiempo, hacen falta cosas compactas, precisas, rápidas y figurativas”.
Para el escritor, la mirada humorística también tiene que ver con el hecho de que “entre los escritores en general hay un empacho de trascendencia, queremos ser importantes y parece que es más importante si es más triste, pero yo siempre lucho contra eso, porque puedes llegar a ser divertido y al mismo tiempo muy profundo en las percepciones que tienes de la sociedad, del mundo, y que haga gracia, porque el humor es un gancho”.
Tampoco olvida hablar de las tendencias de moda que ve, ya sea que en lugar de zapatos todo el mundo lleva bambas, o que los jóvenes van siempre en manga corta. “Vengo de la cultura pop, como se puede ver leyendo El relotge verde (Anagrama, 2024). Me gusta hablar de las cosas que se ponen de moda en la prensa, como la geotermia de superficie, por poner un ejemplo, mirármelas y recrearlas literariamente”. Hay muchas cosas que parecen inventadas, y no: “Es que la realidad es tan absurda que exagerándola un poco te da juego”. Los lectores atentos encontrarán quizás “algunas venganzas, porque vas aguantando y eres buen tío, hasta que te cansas de que te tomen el pelo, y suelto algún bofetón”.
Trabajados a lo largo de dos años, los cuentos están ordenados como los escritos, y eso les da variedad y modulación, como los dos cuentos tan separados sobre los Reyes Magos, en vez de los típicos de Navidad: “Es que no hay muchos de los Reyes, y siempre me han gustado. Ahora estoy haciendo cuentos de Año Nuevo, que es algo que no existe…”.
Aunque los publicara como artículos, desde el principio tenía claro que escribía un libro de relatos.
“Los libros de cuentos son muy atractivos porque puedes hacer muchas cosas distintas. Hay una parte, por el medio, con muchos cuentos satíricos, muy bestias, y hacia el final van saliendo cuentos de fantasmas contemporáneos, que no son nostalgia sencillamente sino la presencia del pasado en el presente. Son cuentos con personalidad propia, un retrato de la comedia humana, trágica y cómica en la que estamos metidos: hay unos problemas de tomo y lomo y un desbarajuste de cojones, pero mejor que nos riamos”, sentencia.
