Es la primera gran imagen de la campaña electoral, la de Laporta aguantando estoicamente la descomunal tormenta de agua y granizo que caía sobre el Camp Nou durante el último cuarto de hora del partido contra el Oviedo. Era Jan en estado puro, escoltado por su inseparable vicepresidente Rafa Yuste y el conseller de Esports de la Generalitat, Berni Álvarez, que renunciaron al cobijo de algún paraguas que les resguardase del chaparrón. Ni el mismo Gaspart inmolándose ante los pañuelos de la grada habría sido capaz de semejante sacrificio barcelonista, que tanto agrada a los seguidores del actual presidente. La versión pasada por agua del “que n’aprenguin” o de los cortes de manga tras conseguir a contrarreloj la inscripción en la Liga de Dani Olmo que hacen de Laporta un dirigente populista que conecta como nadie con el sentir de una grada que adora sus delirantes reacciones.
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