Marta* es una guatemalteca de 58 años que vive en la ciudad capital y relata que, en el 2022, su esposo comenzó a experimentar molestias estomacales frecuentes. Él atribuía los síntomas a una posible intoxicación alimentaria, pero estos fueron en aumento hasta que, a finales de ese año, sintió que todo le hacía daño. Esperó hasta enero del 2023 para acudir al médico. Al término de unos 15 días se confirmará el diagnóstico: cáncer de hígado en estado avanzado.
Buscaron tratamientos, pero no hubo tiempo. En febrero de ese año, su esposo falleció. Este hecho impactó profundamente a su familia y, en especial, a ella, quien desde entonces se hace chequeos anuales y presta mayor atención a su cuerpo. Su recomendación es escuchar las señales del organismo para tener oportunidad de buscar respuestas o tratamientos.
En el 2024, a ella le detectaron cáncer de cuello uterino, lo que la devastado por la reciente experiencia vivida. Pero acudió al médico a tiempo: fue operada y recibió quimioterapia. En el 2026, goza de buena salud, está en seguimiento médico y comparte tiempo con su familia y sus nietos.
El médico Brian Santos, cirujano oncólogo del área de cáncer, comenta que es muy frecuente que los pacientes lleguen tarde al médico. “Muchas veces acuden cuando la enfermedad ya está en etapa avanzada. El cáncer tiene la característica de que, en muchos casos, no presenta síntomas en fases iniciales. Estos aparecen cuando el tumor ha alcanzado un tamaño considerable y comienza a generar molestias. Sin embargo, incluso cuando ya hay molestias, muchas personas tienden a aguantar el dolor, a minimizar los síntomas o atribuirlos a otras causas”, afirma.
Santos agrega que, en su experiencia, ocho o nueve de cada 10 pacientes llegan en etapas avanzadas. “Son pocas las personas que se hacen chequeos periódicos o que tienen el hábito de evaluarse regularmente para conocer su estado de salud”, aclara.
Por su parte, el médico internista Luis Erwin Omar Sandoval Morán explica que las mujeres suelen estar más atentas a sus síntomas y se preocupan más por su salud. “En el caso de los hombres, influyen factores sociales, culturales y, en muchos casos, el machismo. Esto hace que consulten más tarde, cuando las enfermedades ya están más complicadas”, señala.
Sandoval invita a la población a consultar cuanto antes. Síntomas persistentes como fiebre, cansancio extremo, sed excesiva, pérdida de peso o dolor no deben ignorarse, ya que podrían indicar un proceso de enfermedad grave que requiere atención urgente. “Existen enfermedades que no se curan, como la diabetes o la hipertensión, pero pueden controlarse y permitir una buena calidad de vida”, agrega.
¿Cómo afecta las enfermedades crónicas a los guatemaltecos?
Las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) son la principal causa de muerte y discapacidad en el mundo. No son causados por una infección aguda, sino que se desarrolla a lo largo de meses o años, y suelen ser atendidas solo cuando se requiere atención de emergencia o tratamientos más agresivos.
Estas condiciones incluyen cánceres, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes y enfermedades pulmonares crónicas. Muchas ENT pueden prevenirse mediante la reducción de factores de riesgo comunes como el consumo de tabaco, alcohol, una alimentación poco saludable y la inactividad física. También se incluyen trastornos de salud mental y lesiones.
La Organización Mundial de la Salud indica que los otorrinolaringólogos causan la muerte de 41 millones de personas cada año. En Guatemala, el Estudio epidemiológico de las enfermedades no transmisiblesrealizado por la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa), muestra que entre el 2010 y el 2019 estas enfermedades han ido en aumento. Por ejemplo, la tasa de mortalidad por diabetes pasó de 32,6 a 41,6 por cada 100 mil habitantes.
Constancia en los cheques
Santos señala que muchas personas creen que están bien porque “la última vez” que se evaluaron no tenían nada. “Cuando una les pregunta, resulta que su último chequeo fue hace cinco o incluso 10 años”, comenta.
Lo ideal es efectuarse una batería de evaluaciones anuales. Esta debe incluir el historial familiar, posibles refuerzos de vacunas, y un listado de síntomas o dudas para consultar con un especialista.
Según la edad, nivel de actividad física, hábitos alimenticios y otros factores, se recomienda hacerse chequeos anuales, semestrales o según indicación médica.
Una buena práctica es llevar un calendario de salud y programar citas periódicas. También es importante revisar los hábitos: alimentación, consumo de azúcar, alcohol, tabaco y actividad física. El estilo de vida es la primera línea de prevención.
El segundo aspecto clave es conocer la historia familiar. Si hay antecedentes de enfermedades metabólicas, hipertensión, diabetes o cáncer, se deben iniciar chequeos más temprano.
Asimismo, todas las personas mayores de 50 años deben practicarse colonoscopías y endoscopías, ya que la incidencia de tumores gastrointestinales aumenta a partir de esa edad.
Santos advierte sobre el miedo al diagnóstico. “Tener miedo a una enfermedad no la hace desaparecer. Si no se consulta, la enfermedad avanza y el tratamiento es menos efectivo”, enfatiza.
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A esto se suma la saturación del sistema de salud pública, la falta de personal y, en muchos hospitales, la ausencia de estudios de diagnóstico completos. Todo esto retrasa la atención, lo que lleva a que el paciente consulte al especialista meses después del inicio de los síntomas, agrega.
La ventaja principal es que cuanto más temprano se haga el diagnóstico e inicie el tratamiento, mejores serán los resultados y los pronósticos.
Exámenes médicos recomendados
Los cheques médicos deben adaptarse según la edad, género, antecedentes y estilo de vida. El médico internista Aldrin Aroche aclara que no todos los estudios aplican igual para todas las personas. Estos son algunos de los más comunes:
- Glucosa y presión arterial: deben controlarse frecuentemente en personas con diabetes o hipertensión; en personas sanas, pueden hacerse una vez al año.
- Perfil de lípidos: mide colesterol y triglicéridos, útil para evaluar riesgo cardiovascular.
- Mamografía: recomendado desde los 40 años para detectar cáncer de mama.
- Papanicolau: desde los 21 años o tres años después del inicio de la vida sexual activa.
- Densitometría ósea: en mujeres desde los 65 años o antes si hay factores de riesgo; en hombres, desde los 70.
- Colonoscopia y endoscopia: desde los 55 años o antes si hay antecedentes familiares.
- Examen de próstata: incluye antígeno prostático, tacto rectal o ultrasonido; recomendado desde los 50 años.
- Autoexploración testicular: mensual para detectar anomalías.
- Evaluación de la memoria: desde los 50 años, para prevenir demencias.
- Examen de fuerza y movilidad: Útil para prevenir caídas y pérdida de masa muscular.
- Revisión dental: Especialmente después de los 40 años.
- Examen oftalmológico: entre los 40 y 54 años, cada dos a cuatro años; con mayor frecuencia si hay riesgo de glaucoma.
- Pruebas renales y hepáticas: mediante análisis de sangre y orina.
- Electrocardiograma: detectar problemas cardíacos de forma temprana.
Cada estudio debe ser indicado por un profesional según el estado de salud y factores personales.
*Nombre ficticio
