Cuando hace poco más de dos años Imma Prieto (Vilafranca del Penedès, 1975) fue elegida directora de la Fundació Tàpies (hoy Museu Tàpies), tenía claro los grandes retos a los que se enfrentaba. Por un lado, volver a activar un espacio que para ella, como para tantos barceloneses, había sido faro artístico en los noventa bajo la dirección de Manuel Borja-Villel. Y, por otro, situar a Tàpies, en el centro de los grandes debates internacionales, rescatarlo de los discursos academicistas que lo tenían secuestrado y mirar el mundo a través de su obra. Durante este tiempo, la comisaria, investigadora y escritora puso l máxima los motores para la celebración del Año Tàpies, sin dejar de trabajar para dotar a la institución de una revolución y de un relato propio.
¿Objetivos cumplidos?
Sí, sí, se están cumpliendo. Primero fue necesario llevar a cabo una serie de reconocimientos: Tàpies estaba desdibujado y la institución no pasaba por su mejor momento. El centenario fue muy positivo porque nos ayudó a establecer las líneas de fuerza, de acción. No nos interesaba tanto hacer un homenaje como abrirnos a un futuro, que es ser útil para el presente, porque eso te ayuda a pensar. Sí es lo que hicimos. Desde hace años venimos exigiendo giros epistemológicos en los museos, da igual si es de la perspectiva feminista, queer o decolonial, pero todo esto no se consigue nombrándolo ni exponiendo a un artista de Ghana -cosa que hicimos con Serge Attukwei Clottey, que revistió la fachada con una instalación amarilla con materiales reciclados de África- sino incorporando esa necesidad de transformar ciertas estructuras, de revisar cómo se nos ha enseñado la historia, cómo nos pensamos a nosotros mismos socialmente en cada uno de los gestos que llevamos a cabo. Y para ello es imprescindible centrarse en la investigación, en la educación, en los programas públicos, que es lo que hemos hecho. Me interesa muchísimo el contacto directo con la ciudadanía.
Artista desdibujado
“Tàpies no es Miró ni Picasso. La realidad es que la gente joven no sabe quién es”
¿El público lo ha entendido?
Actualmente el local está por encima del público internacional, cosa que no estaba sucediendo. Es normal, cuando te centras en educación y programas públicos no te van a venir turistas. Hemos creado la Cátedra Tàpies con la UPF, hemos dado a conocer la capilla laica o sala de reflexión que creó en la Pompeu, hemos impulsado nuevas lecturas a través del Premio Internacional de Ensayo y el concurso de Escritura Crítica para alumnos de primaria, secundaria, bachillerato y universidad. Son textos no para pensar a Tàpies y sino a través de él, y te sorprende comprobar cómo los estímulos visuales de su obra activan miedos, inseguridades o dudas y les permite hablar incluso del bullying. Es increíble que el arte tenga esta función social, porque al final ese es nuestro objetivo.
Habla de museo pero cuando llegó era una fundación, lo cual dijo generaba confusión. Pero eso no pasa con la Miró, por ejemplo.
Cuando llegas a un lugar, una cosa es lo que te gustaría que fuese y otra lo que es. Cada momento es diferente ya lo mejor lo que hizo Manolo en los noventa hoy no funcionaria. Tenemos que estar dispuestos al cambio. Dicho esto, Tàpies no es Miró. Y yo me encuentro con una realidad que no es la que me gusta, que es que la gente joven no sabe quién es Tàpies. No es ni Miró ni Picasso, aunque obviamente hay que separarlos porque pertenecen a momentos muy distintos. Pero la realidad es que Tàpies está muy desdibujado, y darle el nombre de museo es ayudar a identificar una institución situada en la calle Aragó, que pasa desapercibida en una acera con mucho ajetreo. Habían llegado a entrar familias a preguntar qué hacíamos aquí.
Derecho al error
“En esta ciudad, la gente se ha podido equivocar, pero el precio que ha tenido que pagar ha sido demasiado alto”
El Tàpies fue anfitrión de unas jornadas del Museu Habitat, de Borja-Villel, para repensar el ecosistema catalán. La mayoría le cerró las puertas. ¿A qué reflexión le lleva todo esto?
Yo creo que fue un buen proyecto, francamente. Y activó una fuerte colaboración con colectivos muy arraigados aquí. No sé si han podido hacer todo lo que les habría gustado hacer porque han tenido muchas puertas cerradas. Planteaban preguntas que hay que preguntarse sin miedo. Creo que cuando alguien lleva a cabo un proyecto, aunque tú lo cuestiones, es importante dar lugar a la disidencia, dejar que las cosas pasen. No con todo el mundo que pasa por aquí estoy de acuerdo al cien por cien, pero es lo mismo que me puede pasar con una amiga o una pareja. ¡Bienvenido sea el disenso! Lo contrario es el pensamiento único, que nos va a matar a todos. En esta ciudad, y pienso en otros casos, la gente se ha podido equivocar o no, pero el precio que ha tenido que pagar en demasiado alto. A veces ha hecho más daño la sentencia que el error. Excluir nos debilita. Incluir tiene que ver con el conocimiento, el reconocimiento y el crecimiento mutuo.
Silenciadas por la historia
“¿Dónde están las mujeres artistas coetáneas de Dau al Set? ¿Había? Sin duda”
Marta Palau, André du Colombier, Germaine Dulac… ¿la recuperación de figuras desconocidas u olvidadas es el sello identitario del nuevo Museu Tàpies?
En parte sí, aunque es verdad que eso forma parte de mis intereses, hay una parte de sello personal, porque creo que la historia no sólo es revisar lo que ya se ha dicho, que es lo que estamos haciendo con Tàpies, que tiene una gran bibliografía. ¿Pero está todo dicho? No solo porque ahora podemos incorporar miradas del presente sino también porque tal vez no todo se supo ver en su momento. Volver a la historia sirve también para recuperar figuras que han sido silenciadas. ¿Dónde están las mujeres artistas coetáneas de Dau al Set? ¿Había? Sin duda. Cuando no trabajamos Tàpies, nos interesa el presente y el presente es completo si la historia lo es. Y como no lo es, tenemos que hacer historia. Es muy bonito pero puede ser muy desagradecido. Si hiciera Tàpies-Pollock tendría colas en la puerta pero no estaría haciendo bien mi trabajo. No podemos seguir repitiendo silencios.
“Si hiciera Tàpies-Pollock tendría colas, pero no haría bien mi trabajo”
¿El presupuesto lo permitiría?
Claramente tenemos un presupuesto insuficiente de entorno a tres millones de euros, cual está muy lejos tanto en capital humano como económico de otros museos de la ciudad con los que a veces se nos compara por nuestro capital simbólico, el conocimiento. El pasado años nos visitaron 70.000 personas, que son poquitas, lo ideal sería llegar a 150.000. Pero también tenemos el espacio que tenemos. Yo no podría recibir a los visitantes del Picasso o la Casa Batlló, que está a la vuelta de la esquina. Pero más allá de lo que hacemos aquí, es necesario sacar a Tàpies fuera de nuestras fronteras, me asfixia el solo hacia adentro. Estoy contento: este 2026 se celebra el Año Dual España-India y Tàpies será el artista que nos representará. Y en el 27 iremos a Los Ángeles, Museo de Arte Latinoamericano, su vuelta a los Estados Unidos.

