Un pacto sobre divisas entre Tokio y Washington está poniendo patas arriba el mercado de las monedas. Los dos estados estarían discutiendo una intervención para frenar el desplome del yen, que llegó a caer la semana pasada a sus niveles más bajos en el último año y medio. Sería la primera acción conjunta entre los dos países desde el accidente nuclear de Fukushima del 2011.
Al trascender la noticia, la divisa nipona resurgió de sus cenizas, con un alza cercana al 3% en dos jornadas. “Nos gustaría seguir trabajando en estrecha coordinación con las autoridades estadounidenses y responder adecuadamente”, dijo ayer sobre el asunto el viceministro de Finanzas de Japón, Atsushi Mimura. El futuro plan de gasto público anunciado por la primera ministra nipona, Sanae Takaichi, ha despertado inquietud, con un alza del rendimiento de los bonos japoneses, en máximos de este siglo, y una fuerte presión a la baja sobre la divisa del país asiático.
El oro sigue sin freno y ayer rebasó por unos instantes la cota de los 5.100 dólares, otro récord
Si finalmente Estados Unidos entra en la partida de las divisas, la Reserva Federal empezaría a vender dólares ya comprar yenes. Con un efecto colateral: esta operación supondría un golpe letal a la divisa estadounidense, que ayer alcanzó su valor más bajo en el último año respecto al euro y eso después de que el billete acabara de registrar su peor semana desde mayo. Desde que Donald Trump ha asumido el cargo, el dólar ya ha caído un 15%.
“Esto se está perfilando como un reajuste controlado, diseñado desde la política”, señaló Masahiko Loo, estratega senior de renta fija en State Street Investment Management. “La reciente caída del dólar estadounidense es consecuencia del movimiento del yen japonés, ante una posible intervención de la Fed. Al mismo tiempo, las amenazas sobre Groenlandia han debilitado la confianza en el dólar estadounidense”, dice Jack Janasiewicz de Natixis IM.
Japón es el mayor acreedor extranjero de EE.UU., por unos 1,2 billones de dólares. A Washington no le interesa que los bonos nipones suban rendimientos, porque los inversores japoneses podrían estar tentados de vender. tesorerías de EE.UU. para comprar deuda doméstica. Este movimiento sería un dardo envenenado para las finanzas norteamericanas, que no pueden aguantar una huida de capitales dada la inmensa deuda que el país acumula.
¿Por qué razón Donald Trump tiene interés en que el billete verde se deprecie? Porque las exportaciones estadounidenses se vuelven así más competitivas. En cambio los bienes europeos pasan a ser más caros (y es una manera de fastidiar la economía del Viejo Continente). Con un dólar más bajo el déficit comercial estadounidense se reduce y se acaba impulsando el PIB. Además, al estar la economía de EE.UU. muy endeudada, el valor de la deuda se abarata, ya que el Estado, que siempre puede imprimir billetes, devuelve dinero con una moneda que vale menos.
Este esquema tiene un límite: si la inflación se dispara, entonces la Fed podría verse obligada a subir el precio del dinero. De ahí el ataque directo a la independencia del banco central por parte de la administración trumpista. El mercado especulaba ayer sobre el posible anuncio del nuevo presidente de la Fed por parte de Trump. El favorito ahora es Rick Rieder, responsable de renta fija de BlackRock, según Polymarket.
En esta incertidumbre, con amenaza de sanciones y guerras, hay que señalar ayer otro récord histórico del oro: la onza superó la barrera de los 5.100 dólares. “Si se quiere utilizar la divisa como arma sancionando los activos en dólares, la gente se alejará del dólar. Y eso significa oro”, apunta Janasiewicz.
