los padres de Laura Portas (Cambados, Pontevedra, 1992) entraron en competición la pasada Navidad por ver quién se leía antes el segundo libro de su hija, ‘El palacio del agua’ (Plaza y Janés). Ambos están, como ella, disfrutando su éxito como si fuera. … un regalo. Desde luego, su caso es excepcional e inesperado. Su primera novela, ‘El baile de las mareas’, ya va por la sexta edición. Todo un hito para alguien que llegó a la literatura sin buscarlo. Fue Gonzalo Albert, director literario de ficción nacional de Suma, Plaza & Janés y Roca, el que llamó a esta periodista curtida en televisión para proponerle que escribiera un libro.
«No me lo esperaba en absoluto. Pensaba que no pasaría de la primera edición, porque, siendo realista, qué probabilidades había para una novela de autora, con una historia ambientada en Galicia, con mariscadoras…, no parecía un tema especialmente comercial. De hecho, no me gusta llamarlo éxito, prefiero hablar de reconocimiento. El éxito es muy relativo y para mí lo importante es que la gente reconozca el trabajo, que les cale», afirmó a ABC.
En ‘El baile de las mareas’ apostó por una historia que fuera parte de ella. sus raíces gallegasesas a las que siempre vuelve, se convirtieron en un terreno fértil. También encontró su elemento, el acuático, como forma de canalizar las emociones. Finalmente, dio con una época, la de principios de siglo, en la que se movía como pez en el agua. «Me encanta retroceder en el tiempoporque creo que es muy importante entender el pasado para poder gestionar el presente. Y me parece fundamental entender de dónde venimos para saber hacia dónde vamos», explicó.
La autora descubrió, con sorpresa, que no existía ficción sobre este lugar que, durante unos meses al año, se convertía en un centro de poder y pensamiento.
A esas premisas recurrió para escribir ‘El palacio del agua’ sin copiarse, pero usando su voz. No le resultó fácil. “Soja muy exigente conmigo misma y me decía que tenía que hacer algo que superara la primera. Ahí te creas muchas inseguridades y me costó un poco desprenderme de esa primera historia y empezar a fluir, porque lo quería hacer todo perfecto», reconoció Portas.
En realidad, ya tenía claro que quería ambientar la novela en el Balneario de Mondariz y en su época dorada, la de los años veinte del siglo pasado. Durante la documentación descubrió, con sorpresa, que no existía ficción sobre un lugar que, durante unos meses al año, se convertía en un centro de poder y pensamiento. «Me fascinó cómo un municipio tan pequeño podía atraer a la élite intelectual y política», indicó. Ese interés sigue intacto. Durante el viaje de prensa organizado por la editorial, Portas recorría el escenario de su último libro con la curiosidad de quien todavía busca respuestas: preguntaba sin cesar, se detenía en los detalles y escuchaba con atención las historias que se iban desgranando a lo largo del recorrido.
Buena parte de la novela nació así, del contacto directo con el lugar, pero también de la consulta de ‘La Temporada’, el periódico que editaba el balneario y que del que hoy se conservan algunos ejemplares, expuestos en el hotel. Portas los observaba con detenimiento, como si aún pudiera extraer de esas páginas alguna historia. De momento, ha logrado encajar cada una de las piezas que convertían el municipio en un universo, de las aguas a la embotelladora, de las boutiques de moda a las fondas de los alrededores.
Moneda propia
Pero, ¿cómo consiguió el balneario reunir desde Pablo Iglesias a Miguel Primo de Rivera, desde Emilia Pardo Bazán a la infanta Isabel de Borbón? Tras descubrir en 1873 el poder curativo de sus aguas, los hermanos Peinador, con la ayuda del arquitecto Antonio Palacios, lograron transformarlo en un epicentro cultural y político que rivalizaba con la capital en verano.
Las aguas eran una excusa; buscaban mantenerse en una élite
«Tenían hasta su propia moneda. Era un mundo aparte, no necesitaban nada para que todo se quedara aquí. Pero lo importante no era estar, era dejarse ver. Las aguas eran una excusa; buscaban mantenerse en una élite, introducirse en esa vida social que se desarrollaba el resto del año en Madrid. Me pareció muy curioso que casi todos los madrileños que venían lo hacían cuando el Rey abandonaba la Corte», afirmó.
De entre todos ellos, su favorita es la Pardo Bazan. En ‘El palacio del agua’ recrea la relación amorosa que mantuvo con Galdós, pero sin sus nombres reales. «Tenía que hacer un homenaje a todos esos intelectuales que estuvieron aquí. Pero el respeto y admiración tanto que no podía apropiarme de su voz. Sí que puedo hacer mi interpretación personalpero no directamente porque no sería justa ni honesta», argumentó.
La escritora hace de la protagonista, Candela, el nexo de unión entre lo que pasaba dentro del Gran Hotel, para el que trabaja, y la vida que discurría fuera de sus muros, a la que pertenece. «Esos dos mundos confluían durante el verano alrededor del balneario de formas que me parecieron muy llamativas y que he reflejado en el libro», precisó.
El viaje creativo de Portas parece que no se va a detener aquí. Ya piensa en una tercera novela ambientada en una isla, de nuevo con el agua como espacio simbólico. Un elemento que, libro a libro, va articulando su forma de explorar la historia, la memoria colectiva y las emociones que nos atraviesan a todos.
