Robert De Niro montado en un cayuco (un tipo de barco más pequeño que una canoa) atravesó Buenaventura hasta llegar al río San Juan. También viajó de Cartagena hasta Bogotá en una buseta. Paró en pueblos a ver plantaciones de yuca, café y plátano. Y disfrutó ser un ‘don nadie’ mientras recorría mercados locales junto a Salvatore Basile Ferrara, más conocido como Salvo, el italiano más cartagenero, que le regaló al país las mejores películas y personajes en varias décadas, del 60 hasta el inicio del nuevo siglo.
“Con De Niro, en la película La misión, en la Sierra Nevada de Santa Marta, me pidió hacer uno de los viajes para contactar a los indígenas wounaan y emberás. Con mi mejor amigo, Umaña Pavolini, alquilamos una buseta y viajamos hasta Bogotá. Pues hubo un daño mecánico y tuvimos que esperar varias horas con De Niro a bordo.”, recordó el director y actor en una columna publicada en esta casa editorial.
Luego de rodar La misión, ganadora del Óscar, en la Heroica, uno de los mejores actores del mundo se quedó a recorrer el país, acompañado de Salvo, otro extranjero que había encontrado en Colombia un realismo mágico que lo atrapó, lo hizo mudar de Nápoles (Italia) hasta el norte del país y no lo soltó hasta el día de su muerte; en la madrugada de ayer, Lina Rodríguez, exdirectora del Festival Internacional de Cine de Cartagena, confirmó la partida del gran artista, tras padecer cáncer de páncreas.
Salvo Basile y Jacqueline Lemaitre se casaron en 1971. Foto:El Universal
El primer flechazo de amor que Basile sintió por la ciudad costeña fue incluso antes de aterrizar en ella, cuando produjo Quemada, una de las mejores películas hechas por cineastas italianos y en la que Marlon Brando actuó.
“Llegamos el mismo día que se escapó un toro de lidia en el aeropuerto y andaba por todos lados con 30 tipos atrás. Nos tocó volvernos a elevar. Cuando les contaron eso a los italianos, aplaudieron diciendo: Llegamos a Macondo.”, dijo Salvo en entrevistas anteriores.
Desde entonces se apegó a Colombia, luchando por la supervivencia y el avance del séptimo arte y la televisión. Estuvo detrás de producciones como Holocausto Caníbal, Crónica de una muerte anunciada, de Francesco Rosi; Sofía, dama tiempo, La mujer en el espejo, así como el largometraje La estrategia del caracol (1993) donde, además de actuar, fue productor ejecutivo junto con su gran amigo Sergio Cabrera.
La película se grabó tres años antes del estreno. Cabrera, que la dirección, dudaba de que su historia pudiese salir a la luz. Luego de un empujoncito que Salvo le dio, hablando con grandes de la industria, empresarios y más, para que apoyaran económicamente su distribución. La estrategia Llegó más lejos que las salas de cine: con la historia de unos inquilinos que, por desalojo, desbaratan una casa para ponerla en otro lugar, Basile y Cabrera se ganaron 39 premios internacionales y fueron los primeros en taquilla.
“Salvo fue actor, productor y asistente de dirección. Es decir, tuvo múltiples roles dentro del cine, lo que le daba una visión muy amplia e interesante del oficio”, dice Alexandra Falla, directora de Patrimonio Fílmico. Sin embargo, su ‘niño consentido’ siempre fue el Festival de Cine de Cartagena (Ficci), que también lo llevó a volverse íntimo amigo del nobel de literatura Gabriel García Márquez.. Fue miembro de la junta directiva y vicepresidente, convirtiéndose en el gran anfitrión de las estrellas internacionales. que llegaron a la alfombra roja del evento, por cerca de dos décadas.
“El festival comenzó con un esfuerzo personal de la familia Nieto y durante años se arrastró contra los problemas de presupuesto. Después llegó un santo, que es santo Gabriel García Márquez, hermano. Y con él llegó la credibilidad del jet set internacional, y también la plata del Gobierno. Una cosa es hacer, como hace Robert Redford en Sundance, una muestra de cine latinoamericano. Y otra cosa es esto: en que toca darse coñazos. Hay casos maravillosos, como tener a Werner Herzog en el jurado, que es de verdad uno de los grandes directores de la historia del cine”, dijo Salvo al noticiero AM/PM en otra ocasión.
De esa época, Aracely Morales, exministra de Cultura y exgerente del Ficci, todavía tiene en su mente esa personalidad vibrante, que parecía de galán de telenovela. “Con su voz fuerte, daba parámetros para poder sacar adelante el festival. Siempre iba caminando por el centro histórico; todo el mundo lo saludaba, él gritaba, respondía, saludaba. Siempre provocaba risa porque tenía un chiste, una camaradería o un comentario de doble sentido, más jocoso que otra cosa”.
En sus últimos años, Salvatore no se detuvo. Siguió impulsando la industria desde la televisión regional con el programa Cinergia en Telecaribe, gestionando muestras de cine en lugares tan diversos como Zipaquirá y compartiendo sus más grandes hazañas y aprendizajes a través de su columna semanal publicada en este diario, EL TIEMPO. De hecho, cuando apareció el diagnóstico del cáncer, Salvo se comunicó con Luis Noé Ochoa, quien se convirtió en fiel lector del napolitano y en un amigo cercano, para contarle lo triste que estaba.
Salvo Basile (qpd) Foto:FICCI
El periodista también recuerda que se convirtió en una persona tan querida que Hernando Santos Castilloel antiguo director y propietario de esta casa editorial, le apartó una cita con el presidente de la época, Alfonso López Michelsen, para obtener su nacionalidad y un empleo.
Su vida por fuera de las pantallas se basó en ser carismático y ayudar a otros como se pudiera. De ahí nació la Fundación Corazón Contento, que se encarga de ofrecer alimentos a niños. y adolescentes de los barrios de la periferia de Cartagena y que en pandemia encontraron la forma de ofrecer alternativas para que la desescolarización no aumente en barrios con problemáticas sociales.
“Él les pedía plata a sus amigos empresarios.Se conseguía arroz, implementos, bancos de comida. Su vocación por ayudar a la gente también lo llevó a lanzarse como candidato al concejopero no prosperó”, recordó Ochoa.
Por eso y más, sus seres queridos lo recuerdan como uno de los más grandes tesoros que tuvo Colombia, detrás y enfrente de las cámaras. “Creo que su gran legado fue poner a Cartagena en el foco mundial. Trabajó con Marlon Brando, ¿sabes? Eso fue muy importante para el cine y para visibilizar a Cartagena. Siempre fue un gran embajador de Colombia por el mundo. Salvo dejó mucho en Cartagena y en Colombia: en el cine, en el turismo, en la proyección internacional del país”, recuerda su amiga Shaio Muñoz.
La vida de Salvatore será recordada tanto como las obras que ayudaron a crear, sobre todo, porque él era el protagonista de una película en el que todos querían participar con alegría: su propia vida.
Muchos invocarán su memoria contando que fue un niño nacido el 18 de mayo en Italia, que le tocó vivir el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que en su infancia a duras penas probablemente bocado y que la primera vez que comió carne fue porque su padre se robó una oveja para cocinarla.. Otros contarán su historia de amor más notable, que lo llevó a casarse con Jacqueline Lemaitre, luego de tres meses de conocerla. La conoció en un casting de extras y para salir con ella fue hasta Islas del Rosario remando.
Salvo Basile Foto:EL TIEMPO
Y esos que construyeron la época dorada de la televisión en Colombia y pusieron los cimientos del cine en el país reconocerán en cada una de sus producciones las historias que Salvatore confesaba a sus fanáticos. Como cuando derrumbó un muro para La estrategia del caracol y la cámara principal no grabó; cuando rodaba en África junto con Werner Herzog en Ghana y un ejército de 500 amazonas, a quienes les pidieron que cantaran un coro popular que terminó siendo un canto de prostitutas; o cuando en la producción de Cobra verde se hizo amigo de un rey árabe.
“Ese rey lo llevó a su castillo, y pasó allí algunos de los mejores días de su vida. Esto lo hacía un gran personaje y aún mejor contador de historias. Le gustaba mucho recordar esas anécdotas y contar lo que el cine había traído a su vida, siempre con mucha gracia. Sobre todo, era una persona absolutamente cálida y amorosa”, concluyó Falla.
María Jimena Delgado Díaz
Periodista de Cultura
@Mariajimena_delgadod
