El calendario empieza a convertirse en el nuevo enemigo de La Verde. Sin una idea de juego clara reflejada en la cancha, con un margen cada vez más reducido para corregir el rumbo y sin nuevos amistosos confirmados (por ahora); la selección boliviana llega a marzo envuelta en la incertidumbre. El repechaje mundialista aparece cada vez más cerca en el horizonte y el tiempo, lejos de ser aliado, juega en contra de un equipo que todavía no logra respuestas.
La falta de buenos resultados no hace más que profundizar las dudas. Bolivia arrastra una sequía de victorias que ha expuesto las carencias del equipo, justo cuando el margen de error se reduce al mínimo. Con un repechaje que no concede segundas oportunidades, cada día sin mejoría pesa como advertencia.
En sus amistosos de enero, el combinado nacional no logró imponer su localía ni en Tarija ante Panamá, ni en el renovado estadio Tahuichi frente a México. Con los Canaleros, La Verde salvó un empate y mostró destellos de buen juego en la segunda mitad, pero la propuesta ante El Tri en Santa Cruz fue mucho menos talentosa, terminando en derrota por la mínima.
La racha reciente tampoco ayuda: de los últimos 7 amistosos, el equipo dirigido por Óscar Villegas solo celebró un triunfo agónico ante Jordania, mientras acumuló 5 derrotas y un empate. A esto se suma un problema crónico: la falta de gol. Desde septiembre de 2025, ningún delantero boliviano ha logrado marcar con La Verde, pese a que el cuerpo técnico ha probado múltiples variantes en la zona ofensiva sin éxito.
El repechaje para Bolivia comenzará el 26 de marzo, cuando se mida ante Surinam. Aunque los caribeños alegan falta de preparación, saldrán con todo para frenar el sueño nacional desde el primer minuto. Para superar esta serie, La Verde deberá enfrentarse a Irak, selección que parte como favorita según el ranking FIFA y que llega con la presión de asegurar un lugar en el Mundial.
