José Martínez de Sousa, Pepe para los amigos, ha fallecido en Barcelona este 27 de enero a la edad de 93 años. Nacido en O Rosal (Pontevedra), el 25 de octubre de 1933, su peripecia vital le hizo recorrer media España, para acabar recalando en Barcelona, su ciudad de adopción desde muy joven.
Martínez de Sousa tocó muchas teclas, tanto en el sentido recto como en el metafórico: fue bibliólogo, tipógrafo, ortógrafo, ortotipógrafo y lexicógrafo, y confeccionó una obra inmensa que, aún hoy, es de referencia en cualquier trabajo lexicográfico de la lengua española.
A lo largo de su vida profesional, el tipógrafo gallego redactó diccionarios y manuales tipográficos y lingüísticos que se han convertido en referencia para los libros de estilo que han venido después, como el propio de La Vanguardia, Libro de redacción, que se publicó en el año 2004.
‘Libro de redacción de La Vanguardia’
Fue de una gran ayuda desinteresada, tanto por su obra como por la consulta personal, para elaborar el libro de estilo de este diario.
Porque Martínez de Sousa tuvo un vínculo especial con el rotativo del Grupo Godó. Tanto profesionalmente en su juventud, como de guía de referencia y consulta en los primeros años del siglo XXI, a la hora de elaborar las normas de estilo. Todo ello gracias a su generosidad, hasta el momento en que la enfermedad le impidió seguir ofreciendo este servicio desinteresado y lleno de humanidad.
El siglo XX ha sido testigo de la mayor evolución en el mundo de la impresión. La informática se ha convertido “en frío” lo que antes sólo se podía hacer “en caliente”. Desde los tiempos de Gutenberg, nunca antes se había visto algo parecido.
Así lo destacó José Martínez de Sousa en sus memorias profesionales, Antes de que se me olvide (Trea), en las que, en el 2005, se nos revelaba como un testigo de excepción: “Nos encontramos en un momento evolutivo de la historia de las artes gráficas que no deja de sorprender a una persona que, como yo, comenzó a componer textos hace cincuenta y cinco años”.
En los talleres
Tipógrafo de formación, de joven trabajó en los talleres de imprenta de ‘La Vanguardia’
“Han desaparecido las grandes salas dedicadas a la composición linotípica, monotípica o manual, así como las instalaciones para componer y compaginar los impresos. Han desaparecido los chibaletes, los comodines, las cajas con sus tipos de plomo, antimonio y estaño. Ya no son necesarias las imposiciones, ni las ramas, ni los filetes de metal. Quinientos años de imprenta de plomo han sido sustituidos casi de la noche a la mañana por sistemas limpios, en los que la luz es el protagonista principal”, escribió entonces.
Desde su O Rosal natal, Martínez de Sousa marchó a Sevilla en su adolescencia y allí descubrió su pasión por el libro, por su forma antes que por su contenido. En los salesianos aprendió el oficio de tipógrafo en la imprenta del internado y cuando le llegó el momento del servicio militar, se las compuso para poder estar destinado en un taller de imprenta como tipógrafo, a pesar de que el primer año (fueron tres) tuvo que cumplir como topógrafo: “¡Lo que cambia una letra!”, se exclamaba.
Ya en Barcelona, trabajó en distintas empresas del ramo, incluidos los talleres de imprenta de La Vanguardia, alternando todo tipo de tareas, siempre vinculadas con las artes gráficas. Fue entonces cuando Martínez de Sousa empezó a constatar el desgobierno que existía en torno a las normas con que se regían los correctores tipográficos.
un perfeccionista
Su condición de hombre meticuloso y con una curiosidad infinita no podía tolerar las contradicciones que lo rodeaban.
Su condición de hombre meticuloso y con una curiosidad infinita no podía tolerar las contradicciones que lo rodeaban. Y si el incoherente era su superior, se lo llevaban los demonios: no podía con los “jefes arbitrarios”. Por ello su figura me recuerda a esos duendes de imprenta, pero, en su caso, el duende sabio. Usé este apelativo cuando publicó sus memorias, y hoy más que nunca merece la pena recuperarlo.
Durante los dos años y medio que trabajó en La Vanguardia, él, autodidacta incansable, tuvo la ocasión de elaborar fichas que rellenaba en cualquier rincón y guardaba en el bolsillo. Luego en casa, sus hijos se encargaban de ordenarlas debidamente. Y la editorial Labor, en 1974, publicó su primer trabajo, Diccionario de tipografía y del libro, obra que, vista con la perspectiva de los años, supuso una verdadera revolución por abordar aspectos absolutamente novedosos. Los libros de estilo de todos los medios de comunicación españoles contienen parte del ADN de esa obra pionera.
Martínez de Sousa, con mucho oficio y sentido común, abordaba los huecos que ni la Real Academia Española se había planteado. Como él mismo dice: “Es preferible una norma discutible (siempre perfectible) que la falta absoluta de norma”. Y esa ha sido la premisa que presidió todos sus trabajos, hasta la publicación en 1996 de su Diccionario de usos y dudas del español actual, su obra más popular.
Descanse en paz, en un paraíso de palabras y diccionarios.
