Los conciertos de Lluís Llach en enero del 76 fueron de esperanza y vivacidad en cataluñade un estado de ánimo que no parece muy trasladable al momento actual, a los sentimientos precisos de estos días. El nuevo director de Barnasants, Marçal Girbau, advirtió este lunes en el Palau que este no iba a ser un acto de nostalgia, si bien añadió que “es triste que estas canciones sigan siendo vigentes”. Así que, sí, hubo melancolía, y el eco de un tiempo en el que había objetivos y horizontes, en la reconstrucción minuciosa, sentida, de ‘Gener de 1976’ en su 50º aniversario, producida por Barnasants.
Un concierto con materiales nobles, un fino sexteto asentado en el piano de Campamento Manel (como entonces) y en el que Santi Arisa solo cogió las baquetas en una canción, ‘Un día’, reemplazada en el resto del temario por Lluís Ribalta (el titular en el concierto del Camp Nou, en 1985). Montajes de vídeo pusieron contexto histórico y Gemma Humet rompió el hielo con la temprana ‘Despertar’, una de las nueve piezas que Llach cantó aquellas noches y que no fueron recogidas por el álbum.
La cantante y pianista Gemma Humet en el Palau de la Música durante ‘Llach – Gener 76’, el concierto inaugural del Barnasants, este martes 27 de enero / Juan Miguel Morales / Barnasants
Fue acertado propiciar el contraste entre la voz estilizada de Humet y el tono recio de Joan Reig, dando esta vida a ‘Cal que neixin flores a cada instante’ y grabando las correrías del pequeño Maurici (Serrahima) en ‘Damunt d’un terra’. Y hay que hablar de Borja Penalba, sustento permanente con sus guitarras, su acordeón y los tonos graves de su voz, doblando el estilizado canto de Humet en ‘Respon-me’.
Al escuchar el álbum se siente la intensidad y al público como coprotagonista, y así fue, de nuevo, en un ‘Silenci’ muy compartido por todo el Palau. El clamor popular se desató en la segunda parte, que abrió el propio Llach con un parlamento en el que rindió honores a Oriol Regàs, artífice de los recitales del 76 (“burgués, pero muy fiel a su pueblo”), bromeó, más o menos, sobre Renfe y aventuró que “un día de estos tendremos que comenzar a alzarnos de verdad”. Banderas y gritos de independencia como no abundaban últimamente en el Palau.
Cayo’La estaca‘, pilotada por Reig y vitoreada a placer, y la insurrección aviar de’La gallineta‘, de la mano de Humet. Pero ya no era posible obviar que Llach estaba ahí y que había apetito de verle cantar. Volvió y lució empuje vocal, como hace cuatro años en su aparición en el Palau Sant Jordi: en ‘Si arribeu’ (con el joven Fredrik Strand), un ‘Abril 74′ mano a mano con Penalba y el poderoso evangelio de ‘El día dels miserables’.
Estaba por llegar la cumbre de la noche, un’Viatge a Itaca’ integralcon sus 15 minutos de travesía y su destino incierto, alzándose majestuoso con los refuerzos de una sección de metales y la sesentona de voces de la Coral Escriny de Santpedor. Aún hubo más: Llach reapareció para acompañar a Humet en ‘A força de nits’ y Reig volvió a recordarnos, con ‘El bandoler’, que Els Pets tienen un cantante imperativo detrás de los tambores. Y Llach, y todos los músicos e invitados, y la coral, y el público, se fundieron en un ‘reprise’ de ‘L’estaca’, por los monolitos que un día cayeron y por los que estén por caer.
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