Pocas cosas han cambiado, pero todo ha cambiado en el Madrid. Los ilusionantes partidos ante el Mónaco y el Villarreal, acompañados de una seriedad y un compromiso innegables que se habían extraviado en las semanas previas, devuelven al equipo blanco a la casilla de salida, con dos títulos menos, sí, pero con todas las opciones abiertas en la Liga y en la Campeones. Con todo, si a Xabi Alonso no le trituraron los resultados, Arbeloa tampoco se puede aferrar exclusivamente a los mismos. Sin embargo, hay una mejoría evidente en las formas y en el mensaje emocional que transmite el equipo.
Desde la simplificación, Arbeloa empieza a reconstruir al Madrid atendiendo a la naturaleza de los futbolistas. Lo mejor de la victoria contra el Villarreal fue la respuesta defensiva del equipo en casi todos los órdenes. En un duelo de alta exigencia, conocidas las cualidades del equipo de Marcelino, el Madrid se manejó con una solidez notable del primer al último jugador. Se comportó como un bloque compacto y bien cohesionado, que solo se partió a raíz de alguna decisión fallida de Camavinga. Con ese 1-4-4-2 que ha instalado Arbeloa en fase defensiva, presionando en los reinicios de la jugada, agresivo en la anticipación y preparado para el repliegue, el Madrid tuvo una raya al Villarreal, muy corto en ataque. Fue mérito blanco, con un bagaje recuperador destacado —55 recuperaciones, la cuarta cifra más alta de su temporada en Liga— y un ejercicio de consistencia y solidaridad casi fuera de lo común de esta campaña. Como dato emerge el registro de PPDA—pases permitidos al rival por acción defensiva; cuanto menor sea la cifra, mejor—, de 10,3, el más bajo desde noviembre en la Liga.
El Madrid se movió junto, achicó espacios. y no se vio esa estructura quebradiza de otros momentos de la temporada. Vinícius y Mbappé condicionaron la salida del Villarreal al orientar la presión, seguidos por el resto del bloque. Asencio y Huijsen, por ejemplo, protagonizaron acciones de anticipación en campo contario, férreos en las vigilancias. Güler estuvo pendiente de Parejo y Mastantuono cerró líneas de pase y se vació en el repliegue para ayudar a Valverde estafa Moleiro y las incorporaciones de Pedraza. El argentino llegó a robar seis balones.

Además de su correcto posicionamiento en el campo y su entrega, el Madrid también dio un pase adelante a nivel creativo. El equipo se desplegó en 1-4-1-4-1, con jugadores siempre activos entre líneas y escalonados para agitar la circulación. Los cambios de orientación de lado a lado y los balones en largo —52, siete por encima de su media— complicaron la operativa defensiva del Villarreal. El Madrid dio la impresión de jugar a otra velocidad, con Rupturas constantes de Mbappé, Vinicius y Bellingham y la intervención de Güler como lanzador principal (tres pasos clave). Los intercambios posicionales también se convirtieron en una rutina.
A la carrera
La grata actuación del Real Madrid contra el Villarreal tuvo el antecedente de la goleada al Mónaco. En ese partido, también escenificó su evolución positiva, aunque fuera un equipo menos estable. Incluso considerando las facilidades que regaló el Mónaco, muy lejos del nivel competitivo del Villarreal, el Madrid gestionó de maravilla los momentos de partido, con mecanismos para soltarse en ataque y equivocar al rival. El número de acciones de presión, que ascendió hasta las 422. cuando su media apenas alcanza en la Champions las 363, confirma el grado de implicación y la complicidad del equipo.


El Madrid voló al contraataque al forzar las pérdidas del Mónaco y entender qué hacer después para transitar con verticalidad, explosividad y eficacia. La presión tras pérdida, el robo y el desmarque estaban en la cabeza de todos. El Madrid recuperó ocho balones en zonas altas, cuatro acabaron en disparo y otro en gol, además de diez firmas contragolpes, el dato más alto del curso con diferencia. Como contra el Villarreal, todos los futbolistas se metieron en faena para ahogar los espacios al Mónaco y provocar el error. Güler también sobresalió en este apartado. Tiene más motor de lo que su físico aparente. De su talento y visión de juego, sí que no existe ninguna duda.

“Yo no puedo ir contra la naturaleza de los jugadores”

“Evidentemente, Yo no puedo ir contra la naturaleza de los jugadores. Todo lo contrario, tengo que intentar aprovecharla. Futbolistas muy veloces y que, además, suelen definir bien. Cuando podamos correr, lo vamos a hacer, porque es la naturaleza y porque es donde marcan las diferencias. Va a ser una de nuestras armas durante toda la temporada”, analiza ahora Arbeloa. Una declaración que rebosa coherencia y que explica el porqué del despegue blanco. Apelar a la condición futbolística de su plantilla tiene, además de un propósito de convencer, un sentido pleno. Todo entrenador tiene un período de gracia y Los primeros pasos de Arbeloa parecen situar al Madrid en el camino de las certezas.
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